Páginas

viernes, 28 de septiembre de 2012

El juego del Rimarrimón




El juego del
Rimarrimón







 ¡Qué ruido, qué lata!
Son platillos de latón.
Los golpea aquella rata
con su colega, el ratón.

El casco es una taza.
El barco es un tazón.
La escudilla por coraza.
¡Un pirata de corazón!

Por debajo de aquel gorro
aparece aquel gorrón.
El ratón asoma el morro.
¡Vaya pimiento morrón!

Subió primero por la salchicha,
Saltó después por el salchichón,
Al suelo fue por tanta chicha
y, tras el suelo, vino el chichón.

Se mosquea la mosca.
Se mosquea el moscón.
No hay quien mueva la rosca,
ni quien pruebe el roscón.

El ratón en su silla
Y la rata en su sillón
-¿Qué husmeas tanto, cotilla?
-¡Una bolsa de cotillón!

El ratón lo pasa bomba.
La rata come un bombón.
El agua que cae en tromba
se cuela por el trombón.

Desde una pequeña sala,
y hasta la tele del salón,
disparado como la bala,
va derechito el balón.

Solamente una piña
que apenas tiene un piñón
no merece tanta riña
y tanto golpe en el riñón.

¿Te apetece probar?

¿Con?:

…bota.
…botón.
…pelota.
…pelotón.

¿O quizá con?:

…tela.
…telón.
…canela
…canelón.

O, bueno, con lo que quieras.


domingo, 2 de septiembre de 2012

Nandi y el submarino



NANDI
Y EL SUBMARINO


-¡Anda, tía Angelines, por favor!
-Que no, Nandi, que no te compro un pez.
-¡Por favor!
-Que luego tu madre me mata.
-Si no lo voy a llevar a casa. Es para echarlo al mar.
-Sí, hombre, para eso no querrás que me gaste el dinero.
-Es que Roque, el pececito, me ha dicho que quiere volver con su familia. Mira que ojitos pone, tía Angelines.
-Qué chiquillo este, qué cosas tiene. Está bien, dele ese pez al crío y cóbreme.
-¡Gracias, tía Angelines! Vamos, Roque, muy pronto volverás con tu familia.
-No se te ocurra sacar a ese bicho de la bolsa de plástico, ¿me oyes?
-Sí, tía Angelines, no te preocupes.
-Está bien. Oye, me estoy acordando… ¿Quieres ver un batiscafo?
-¿Un qué?
-Un batiscafo, un submarino pequeñito. Lo han restaurado unos señores y lo están probando en el puerto.
-¡Sí, sí, vamos, vamos!

-¡Mira, tía Angelines, allí está el batiscafo!
-Sí, ya lo veo…
-¡Angelines, Angelines!
-Anda, si es doña Mariana. ¿Qué tal…?
-¡Vamos, vamos, tía Angelines!
-Acércate tú, Nandi, que voy a charlar un rato con esta amiga.
-¡Vale! ¡Vamos, Roque!
-Oh, ese es el hijo de tu hermana, ¿no? Qué grande está. ¿Quieres que nos sentemos en los bancos para que puedas echarle un ojo de vez en cuando?
-No es necesario, doña Mariana, nos podemos quedar aquí. Nandi es un niño muy bueno, nunca se mete en problemas…

-Vaya por Dios, ahora no se abre la escotilla. ¡Juan, Juan…! Bah, si desde fuera no me puede oír. Le haré señas. ¡Juan, Juan! ¿Mirará alguna vez? ¡Juan, Juan…! ¡Por fin!
-Anda, mira, el jefe me saluda desde dentro del batiscafo. ¡Hola, jefe! ¡Hooola, hooola!
-¡Maldita sea mi estampa! Este muchacho no se entera de nada. A ver si por lo menos funciona la radio. ¡Brrssst! Juan, Juan, ¿me oyes? Cambio.
-Le oigo, jefe. ¡Hooola, hooola! Cambio.
-¡Deja de hacer el idiota, no agites más la mano! Y ahora escúchame: la escotilla se ha atascado y no puedo salir. Necesito que la abras desde fuera. Mira entre las herramientas, debe haber un bote de espray desatascador. Cambio.
-Me parece que no lo hemos traído, jefe. Cambio.
-¡Por todos los santos! Vamos, ¿a qué esperas?, corre al taller a buscarlo. Cambio.
-Si jefe, ya voy. Cambio.
-¿A qué narices estás esperando, Juan? Cambio.
-Es que no sé quien tiene que cortar la comunicación, jefe. Cambio.
-¿Será posible? ¡Ve a buscar el desatascador ahora mismo! ¡CAMBIO Y CORTO! Qué paciencia tengo que tener… Y ese niño, ¿de dónde ha salido? ¡Bájate de la pasarela que te puedes caer! Otro que no me puede oír... No, no te estoy saludando, leches. Te estoy diciendo que te vayas… ¡Oye, niño, cuidado con el pie! ¡Cuidado, no pises ahí, que abres el tanque de agua! ¡Noooo!
-Mira, Roque, mira qué simpático es el capitán, no para de hacernos muecas. ¡Uy! Me voy a bajar de este chisme que se está empezando a mover. ¿Por qué el capitán estará llenando el submarino de agua? ¿Se querrá dar un baño? Me troncho de la risa, qué gracioso, mira como hincha los mofletes. Qué pena, ya se va. Y qué rápido se sumerge. Dile adiós, Roque. ¡Adiós, adiós, capitán! Bueno, vamos con la tía Angelines.
-¿Ya estás aquí? ¿Ya te cansaste de ver el batiscafo?
-Es que el submarino se ha ido, tía Angelines. Y, ¿sabes qué? Un señor que había dentro, que debía ser el capitán, estaba muy entusiasmado y no dejaba de saludarme con las manos.
-Ah, vaya, me lo he perdido. En fin, vamos, que te llevo a casa. Adiós, doña Mariana.
-Adiós, querida. Adiós, guapetón. Y sigue así de bueno.
-Sí, adiós, señora.

-Bueno, ya estoy aquí con el desatascador… ¿Dónde estará el jefe? Voy a llamarlo… Oh, me he dejado la radio en el taller. Pues nada, me quedaré aquí a esperar, tranquilamente, no voy a darme otra carrera hasta el taller. Además, el jefe se ha ido a probar el batiscafo sin mí, qué desconsiderado.

-Te lo dije, Roque, al final encontramos un submarino para nosotros. Ahora sí que podremos encontrar a tu familia. Tú no dejes de mirar por esa ventanita redonda y cuando veas a tus hermanos me haces una señal. ¿Qué sucede? ¿A quién has visto, Roque? ¡Oh, cielos, es una ballena muy peligrosa y creo que viene hacia nosotros! ¡Rápido, Roque, escóndete detrás de mí! ¡Oh, la ballena está intentando abrir el submarino! ¡Fuera ballena, apártate!
-¡Nandi, hijo, por Dios! ¿Qué estás haciendo dentro de la lavadora? ¿Y qué puñetas me estás llamando?
-Jo, mamá, es un batiscafo como el que vi con la tía Angelines…
-¡Vamos, fuera de ahí ahora mismo!
-Espera que tengo que coger a Roq…
-Vamos, sal.
-Roque...
-¡He dicho que fuera!
-¡Ay, no, de la oreja no! Ya voy, ya voy…
-A tu cuarto, castigado. Bueno, meto la ropa, pongo en marcha la lavadora y me tranquilizo. Además, ¿ballena, yo? Ni caso, son cosas de este niño que… Un momento, ¿qué es eso rojo que anda entre mis sábanas? Parece… ¡NAAAANDIIIIIII!


FIN (el de Roque, por el exceso de lejía en su organismo, o puede que por la excesiva temperatura del agua, o puede que por la excesiva velocidad del eje de rotación; el del jefe del último trabajo de Juan por no dejar de hinchar los mofletes; y el de la fragancia y la blancura de las sábanas de la mamá de Nandi)