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lunes, 30 de abril de 2012

La mariposa y la piedra



La mariposa y la piedra
(The making-plof)




Érase una vez, en un país muy lejano
Había una vez, una hermosa mariposa
No, no, demasiado clásico. ¡Fuera! Por ahí no vamos bien…

La luz fulgurosa del nuevo día despertó a los seres que habitaban aquel hermoso lugar
            ¡Qué ñoñez, pardiez!

Cansada de lucir su colorido aleteo,
decidió posarse en la enorme piedra gris,
junto al regato,
            Bueno, así puede valer. Veamos…

Cansada de lucir su colorido aleteo,
decidió posarse en la enorme piedra gris,
junto al regato, bajo el viejo sauce.
Y, antes de plegar, por fin, su petulancia,
buscó su imagen, ceñida de hiedra.
El reflejo de las aguas le devolvió,
como ella esperaba,
toda la magnitud de su belleza.
La mariposa suspiró, afectadamente:
-Qué difícil esta vida, siempre de flor en flor. Es tan duro ser tan bella… Qué esclava me siento de mi propio ser, aquel que he de lucir para regocijo de otros. Ay...
Un extraño temblor, bajo sus delicadas patas,
la interrumpió:
La enorme piedra gris estaba bostezando.
En fin, ya sé, las mariposas no hablan, las piedras no bostezan... Pero en este cuento sí. Eh, un momento: “Las piedras que dormían” Oye, de aquí puede salir otro cuento, o un relato raro, o algo, ¿no?
Bueno seguimos.
Eh… ah, sí.

Un extraño temblor, bajo sus delicadas patas,
la interrumpió:
La enorme piedra gris estaba bostezando.
-¡Ya no aguanto más! –exclamó entre bostezos.
-¿Quién…? –intentaba preguntar la mariposa, timorata.
-¡Ya no aguanto más! –repitió con voz aún más grave.
-¿Quién, quién habla? –gritaba su angustia.
-¡Mira bajo tus ridículas patas! –respondió la nada.
Y, entonces, la enorme piedra gris abrió su ojo.
¿Por qué un solo ojo?
¡Por las pelotillas de mi jersey! Es una piedra y esto es un cuento: puede tener los ojos que yo quiera, diantres.
Seguimos.

Y, entonces, la enorme piedra gris abrió su ojo.
-Oh, no sabía que las piedras estuviesen vivas
-Y yo no sabía que las mariposas tuvieran entendederas. ¿De qué te quejas tanto? Ojalá pudiera yo volar, ojalá pudiera ver el mundo.
-¿El mundo? ¡Ja! Ojalá fuera yo piedra, ojalá pudiera descansar eternamente. No te pierdes nada, ¿sabes? Tú estás aquí tranquila, sin el peligro constante de ser devorada por los pájaros.
-No, claro… A mí, los pájaros, sólo me cagan, constantemente.
Sumergidas, ambas dos,
en su acalorada discusión,
no se percataron de la nube;
que, si bien, había llegado con el resto del celaje,
no parecía seguir los caminos dictados por el viento.
En ningún momento cambió su forma blanca y esponjosa;
sólo descendía, y descendía,
cada vez más, y más.
Al llegar a la altura de la piedra y la mariposa,
la nube se tornó rojiza y oscura,
y comenzó a diluirse en una lluvia viscosa.
El líquido sanguinolento, sin llegar a tocar el suelo,
fue adquiriendo una forma sorprendente.
Piedra y mariposa persistían en su litigio,
ajenas al espectáculo que se les ofrecía.
-¿Podríais dejar de discutir y prestarme un poco de atención? Os habéis perdido toda mi escenificación –protestó aquel diminuto ser humanoide.
-Y tú, ¿quién puñetas eres? –preguntó la piedra airadamente.
-Soy el duende de las nubes, so pedrusco cascarrabias.
Duende de las nubes… Duende de las nubes… El duende-nube no está patentado, ¿verdad? Yo creo que no, y eso da para otro cuento: “La fábrica de duendes” o algo así... Bah, al lío.

-Soy el duende de las nubes, so pedrusco cascarrabias. Os vengo oyendo desde hace días, y he venido a concederos vuestros deseos. No suelo hacerlo, pero sois tan pesadas…
-¿Qué deseos? –preguntaron, piedra y mariposa, al unísono.
-Intercambiar vuestros papeles en este mundo, ¿qué va a ser si no?
El ojo de la piedra miraba a la mariposa.
Los miles de omatidios de la mariposa hacían lo propio con la piedra.
Omatidios, sí, que para eso está Wikipedia. Y seguimos…

Los miles de omatidios de la mariposa hacían lo propio con la piedra.
-¿De veras? ¿Me convertirás en mariposa? ¿Y podré ver el mundo?–la aún piedra no podía creérselo.
-¡Es fantástico! Así podré descansar tranquila, todo el tiempo que quiera –la mariposa ya soñaba con su nueva condición.
-¡Concedido! –dijo el duende de manera breve y concisa, pues tenía prisa.
¿Y ahora qué? Pues ahora un cierre que sea inesperado y pelín amargo, como nos suele gustar. Y rapidillo que tengo ganas de terminar.

Y la Tierra se salió de su órbita y fue a parar al Sol.
Muy gracioso. Venga, va, pensemos, pensemos…

-¡Concedido! –dijo el duende de manera breve y concisa, pues tenía prisa.
Y el prodigioso suceso tuvo lugar.
La piedra, en su nueva condición, agitó sus alas,
Y, cual mariposa que era, revoloteó, y revoloteó, sin parar.
Para estupor de todo el orden de los lepidópteros,
que nunca vieron semejante congénere, tan activo como aquél.
Al cabo de una hora se cansó de volar;
se posó en una flor cualquiera y comió de su néctar.
Y comió, y comió, sin parar.
Para estupor de todo el orden de los lepidópteros,
que nunca vieron semejante congénere, tan hambriento como aquél.
Atiborrada, la flamante mariposa se dejó caer por entre los estambres, y quiso tumbarse sobre el pistilo, conocimientos florísticos aparte, pero…
-¡Ay, ahí hay un pájaro que me quiere comer! –exclamó, alardeando de gramática.
Y quiso levantar el vuelo, pero iba tan cebada de polen…
-¡Duende de las nubes, duende de las nubes! –gritaba-. ¡Devuélveme a mi ser original!
Dos horas le había durado la alegría de ser mariposa, y de ser, en el más amplio sentido de la palabra.

(Vida efímera)

Escena eliminada:
En el nido, los polluelos recién llegados a este mundo estiraban el cuello al regreso de su madre. Las mariposas eran el bocado preferido de aquellos polluelos, y todos piaban enloquecidos. Bueno, de todos menos de uno que, en realidad, era un señor de Albacete que deseó ser pájaro en voz alta, justo cuando el duende de las nubes pasaba por allí.


FIN
¿Y la mariposa? ¡Osti, la mariposa!


Entre tanto, la mariposa disfrutaba… ¿siendo piedra?
¡Solo diez minutos le duró la satisfacción!
Apenas había empezado a sentirse fría y rígida,
y ya estaba harta de ser piedra.
-Tranquila –le susurró un canto rodado que no hacía más que estar por allí cerca-, tan solo te quedan algunos millones de años para dominar el arte de abrir tu ojo. Y en lo que te quieras dar cuenta, milloncete de lustros arriba o abajo, la erosión te habrá dejado como a mí, en total disposición de ser usado para hacer la rana sobre el agua, ¿verdad que es emocionante?
-Qué duro, ser tan duro -dijo, aunque no lo oyese ni Dios.

(Tediosa eternidad)

Y FIN

(Ah, y cuidado con lo que pides cuando el cielo está nublado).




martes, 24 de abril de 2012

¡Uf! No sé...


 

¡UF!,
NO SÉ…





Si no fuera tan viejo… no contemplaría el fruto de mi semilla.
Si no fuera tan joven… ¡perdería la pasión impaciente, joder!
Si no fuera tan tarde… no tendría recuerdos.
Si no fuera tan pronto… se esfumarían los propósitos.
Si fuera ayer… hoy sería mañana, y si fuera mañana… nunca sería.
Y si Dios existe… que venga Dios y lo vea.

Si no me esperase la muerte… no me sentiría vivo.
Si desaparece el pobre… ¿quién podrá ser rico?
Si no estuvieran tan lejos… ¿quién querría conocer las estrellas?
Si no estuvieras tan cerca… no llegaría a conocerte.
¿Y si no estuviese en la luna?  ¿Qué sería de mi despiste?

Si supiera lo que piensas… no hallaría preguntas.
Si supiera que sentir… se evaporaría el alma.
Si supiera qué escribir... se agotaría la sorpresa.
Si supiera qué pensar… cesaría la locura.
Y si no estoy loco… ¿qué estoy haciendo aquí?

Si no acabara esto...

martes, 17 de abril de 2012

Proyecto INAYA


Queridos amigos de la guarida,

Aún sin demasiado tiempo para retomar mis actividades blogeras, por los motivos que ya conocéis, sí deseo al menos compartir con vosotros algo muy lindo que empieza a tomar forma, (se me juntan las emociones).

La ilustración que podéis ver arriba, es una pequeña muestra -aún es una maqueta- de un bonito proyecto en el que me hallo inmerso desde hace algunos días. Se trata de un álbum para un cuento, "INAYA Y EL SAPO SABELOTODO". El texto es de un servidor y las ilustraciones corren a cargo de Aurora Ruá. Me siento muy afortunado de poder colaborar con esta magnífica ilustradora. Os animo a visitar su blog MALDELCAP, http://maldelcap.blogspot.com.es/, donde también ella ha publicado alguna otra ilustración del futuro cuento.

Hay muchísima ilusión puesta en juego, tanto de Aurora como mía, y estoy seguro de que Inaya verá pronto la luz

Aunque entiendo que solamente se trata de una pequeña muestra, estoy deseando conocer vuestra sincera opinión más que nunca.

Muchas gracias y un abrazo, amigos.

Fernando Rubio
(El cuentista)


jueves, 12 de abril de 2012

AYER FUI PAPÁ


Víctor Rubio Pascual, nació ayer, día 11 de abril, en Salamanca (España). Víctor es mi hijo y, aunque este espacio no está pensado para contar acontecimientos personales, me apetecía mucho, mucho, compartir mi felicidad por su llegada a este mundo con tod@s mis camaradas, con vosotros, amig@s de la guarida.

Ahora os pido que me disculpéis porque desapareceré unos días, pero tranquilos, dentro de poco volverán mis cuentos raros y chiflados, y volverá Nandí, y más cosas que se nos irán ocurriendo.

Os dejo la puerta abierta y una luz encendida para que podáis entrar cuando os apetezca.

Enseguida vuelvo.

Un fuerte abrazo, os quiero.

lunes, 9 de abril de 2012

De vencidos y bendecidos


  DE VENCIDOS Y BENDECIDOS

¡Damas y caballeros, bienvenidos a otra emocionante tarde de carreras! ¡Les saludamos cordialmente desde nuestros servicios centrales estatales! ¡Les invitamos a quedarse con nosotros en esta nueva edición del Torneo Vida Digna!
¡Y ya, sin más, les presentamos a los participantes de la primera carrera de obstáculos del día!:
¡Por la calle número uno, sobre la yegua Relámpago doña Fermina, el marido en paro, cuatro niños por criar y la abuela con alzheimeeeer!
¡Por la calle número dos, a lomos de Superpotro don Esteban, la churrería decadente, el drogadicto de su hijo y los amigos del drogadicto de su hijoooo!
¡Por la calle número tres, sobre Huracán abuela Milagros, los hijos de su hija fallecida, la irrisoria pensión y el aviso de desahucioooo!
¡Por la calle número cuatro, montando a Rayo Cósmico licenciada Laura, la presión de la familia, la presión de la sociedad y la presión de la depresioooón!
¡Por la calle número cinco…!

¡Y comieeeenza la carreraaa!
¡Los caballos salen enloquecidos, señoras y señores! ¡Todos marchan en un puño! ¡La igualdad es formidable! ¡Se presenta una dura batalla!
¡Al llegar a la primera curva, Rayo Cósmico licenciada Laura toma la delantera, seguida de cerca por Relámpago doña Fermina y por Superpotro don Esteban! ¡Se aproximan al primer obstáculo: los complicados troncos de los recibos de luz y gas, que de nuevo los han puesto más altos! ¡Qué maravilla de participantes, señoras y señores, qué manera de saltar…! ¡Oh, esperen un momento, Huracán abuela Milagros tropieza con el último tronco y caeee!

¡La carrera está siendo mucho más dura de lo esperado, damas y caballeros! ¡A falta de una vuelta tan solo quedan tres participantes en pista! ¡Relámpago doña Fermina, está en primer lugar, a una cabeza de distancia le siguen Rayo Cósmico licenciada Laura y Superpotro don Esteban! ¡Qué emoción, solamente faltan dos obstáculos! ¡Se aproximan a la última curva! ¡Relámpago doña Fermina se trastabilla con el muro de la hipoteca y Rayo Cósmico licenciada Laura la sobrepasa increíblemente! ¡Superpotro don Esteban ha perdido fuelle y se queda definitivamente atrás! ¡Qué carrera estamos viendo, amigos, qué valor, qué lucha, qué sufrimientooo!

¡Rayo Cósmico licenciada Laura se destaca en cabeza, va lanzada, se siente ganadora, galopa, galopa, galopaaa! ¡Atención va a afrontar el último obstáculo, es el foso del fin de mes, se aproxima, ha llegado, toma impulso, saltaaaa…, y caeeeee! ¡Relámpago doña Fermina llega ahora, saltaaa…, y también caeeee, señoras y señoreees! ¡Atención a Superpotro don Esteban que venía rezagadooo…! ¡Saltaaa… y caeee! ¡Increibleeee! ¡Ha sido una carrera brutal! ¡Nadie ha conseguido llegar a la metaaa!

¡Pero un momento…, quedaba un participante, es impresionante, lo habíamos olvidado! ¡Aún está muy lejos! ¡Parece…! ¡Sí, cómo no, es el campeonísimo Pachorra Lamía banquero Borja Mariiiii! ¡Con qué tranquilidad se aproxima a la meta, señoras y señores! ¡Y es que los obstáculos desaparecen a su paso, amigos espectadores! ¡Qué suficiencia, que calma, que imperturbabilidad, que despreocupación, que sosiegooo!  ¡Y va a ganar, va a ganar, va a ganar…! ¡Ganoooó! ¡Vencedor una vez más, de nuevo, como siempreeeee… el de siempreeee, Pachorra Lamía banquerooooo…. Borja Mariiiii!

miércoles, 4 de abril de 2012

Nandi en la Era Mesozoica


 
NANDI
EN LA ERA
MESOZOICA





-Pase al despacho del doctor Ramírez, señora. No se preocupe, yo me quedo con su hijo
-Gracias. Pórtate bien, Nandi. Y no molestes a esta señorita.
-Vale, mamá.
-Buenos días, doctor.
-¿Qué tal, doña Angelines? Siéntese, por favor. Le hemos hecho venir porque ya tenemos los resultados del estudio que realizamos la semana pasada. Su hijo presenta un cuadro de parasomnia. Es decir, que sufre sonambulismo…
-¡Ay, Dios mío! ¿Nandi es sonámbulo?
-Tranquila, no se apure, no es grave. Con el tiempo se le pasará. Simplemente deben tomar una serie de precauciones.
-¿Precauciones?
-Sí. Verá, los sonámbulos no deben ser despertados: aunque no es frecuente, eso podría causarle algún daño a su hijo en el sistema nervioso. El niño debe llevar una alimentación sana y procurar que esté relajado para conciliar mejor el sueño. Procure no regañarle mucho en unos días, no llevarle demasiado la contraria, permitirle algún capricho. Ya me entiende
-Sí, claro, claro. Está bien, doctor.
-Vamos, vamos, anímese. No es para tanto. Vuelva a casa y haga su vida normal, como si no sucediera nada. Y recuerde, pase lo que pase, no debe despertar al niño.

-¿Qué te ha dicho el médico, mamá?
-Nada, hijo, que estás muy sano aunque que tienes que comer verdura.
-¡Puaj! Yo no quiero comer verdura.
-¡Tú comerás lo que yo te…!  Ay, Dios mío, que difícil va a ser esto. Cariño, tienes que comer cosas sanas y...
-¡Mira, mamá Pet&Pet Mascotas está abierto, vamos a entrar, corre!
-De eso nada, vamos para casa que tengo muchas cosas que… Está bien, un ratito solamente, ¿eh?
-¡Hombre, Nandi y doña Angelines! Mis mejores clientes. ¿Venían a por un nuevo Roque?
-Menos guasa, Herminio, sólo venimos a mirar.
-¡Mira, mamá, que perrito tan mono! Pobrecito, está solito…
-¡No!
-Jo. Lo siento perrito… ¡Mira mamá…!
-¡No…! Ay, señor. Bueno, está bien, si comes verdura, te dejo que elijas un animalito. Pero que no sea grande y que no haga ruido, ¿vale?
-¡Sí, sí, sí! ¡Gracias, gracias, mamá! A ver… ¿El gatito? ¿No? ¿Y si le tapo la boquita? ¿No? Jo. ¿El loro? ¿No? ¿Y si le enseño a no decir nada? ¿No? Jo.
-Si me permite, doña Angelines, hemos recibido unos lacertilios. Son pequeños y no hacen nada de ruido.
-¿Lacer… qué? Es igual, si es pequeño y no hace ruido me lo quedo… ¡Ah! ¡Virgen Santa! ¿Qué es eso?
-¡Hala, un dinosaurio! ¡Sí, sí, gracias, mamá! ¡Gracias, Herminio!
-¡Me mondo! Que gracioso eres, Nandi. Se llama iguana, ¿sabes?
-De eso nada, se llamará Roque.

-Vamos, hijo, termina la coliflor.
-No quiero más…
-Ay, Señor, dame paciencia. Está bien, anda, lávate los dientes y ve a dormir. Y quita ya ese bicho de la mesa, ¿quieres?
-Jo, mamá, no le llames bicho, pobre Roque... ¡Mira, qué risa, se come mi coliflor!
-¡Vete ahora mismo a…! A dormir, por favor, hijo.
-Anda, vamos, Roque. Qué rara está mamá, encima que me ayudas a terminar la verdura.
-Nandi, ¿ya estás acostado?
-Sí, mamá.
-Venga, un beso de buenas noches… ¡Ah! ¿Qué hace ese bicho, digo..., qué hace Roque en tu cama?
-Le estoy leyendo mis tebeos de exploradores.
-Pero, hijo, Roque no puede… No me mires así, Nandi. ¡Oh, cielos! De acuerdo, pero sólo por ser la primera noche. Mañana dormirá en su terrario. Duerme bien, hijo. Hasta mañana, cariño.
-Hasta mañana, mamá. Hasta mañana, Roque.

-Nandi, el tiranosaurio vendrá muy pronto a matar a Roque y acabará con todo aquel que lo proteja. Por eso, el consejo de la tribu ha decidido que Roque debe abandonar el poblado inmediatamente.
-¡No! No lo permitiré. Dadme unos días. Iré en busca del tiranosaurio y os traeré su corazón.
-Si así lo quieres… ¡Sea!
-¡Vamos, Roque, acabaremos de una vez con ese monstruo!
-¿Nandi? Nandi, hijo, ¿estás dormido? “Y recuerde, pase lo que pase, no debe despertar al niño”. Ay, señor, señor…
-¡Mira, Roque, es una cueva! Veamos que hay dentro.
-Nandi, hijo, eso es el frigorífico, ¿no me oyes?
-¡Oh, es el nido del tiranosaurio, ahí están sus huevos! ¡Que risa, Roque, como te gustan los huevos de tiranosaurio!
-¡Nandi, no, los huevos, no...! “Y recuerde, pase lo que pase, no debe despertar al niño”. Cariño, deja los huevos, por favor...
-¿Sabes que necesitamos, Roque? Una lanza.
-Por favor, Señor, haz que despierte de una vez.
-¡Ahí hay una! ¡Bien, ya tengo mi lanza!
-Nandi, cariño… ¿Dónde irá con la escoba?
-¡Cuidado, Roque, es un triceratops!
-Sólo es la televisión portátil, hijo, y eso son antenas…
-¡No, Roque, no te acerques a él, son muy agresivos! ¡No, maldita bestia, deja a Roque!
-¡La televisión, la escoba, la Virgen! ¡Nandi…! “Y recuerde, pase lo que pase, no debe despertar al niño”.
-¡Ja! Eso te enseñará a no meterte con mi amigo, Roque. ¿Qué es eso? ¡Mira, Roque, por ahí hay un claro en el bosque, vamos!
-¡Nandi, no, la ventana, por Dios, que vivimos en un octavo! “Y recuerde, pase lo que pase, no debe despertar al niño”. Nandi… Nandi, hijo, por favor, por favor, baja de ahí, ¿quieres…?
-¡Ahí abajo está el tiranosaurio, en el fondo del precipicio! ¡Mira, está atacando a ese pobre iguanodonte! ¡Intenta llevárselo a rastras! ¿Cómo dices, Roque? ¿Qué ese iguanodonte es tu madre?
-Nandi, hijo, ¿no iras a tirar a la iguana por la ventana…?
-¡Ve con ella, Roque! ¡Madre de Roque! ¡Madre de Roque, allá va su hijo!
-¡Nandi, no te asomes más! “Y recuerde, pase lo que pase, no debe despertar al niño”. Nandi, por lo que más quieras, hijo, no…
-Roque ya ha debido llegar con su madre, yo ahora me agarraré a esta liana y caeré por sorpresa sobre el tiranosaurio. Parece que está un poco suelta...
-¡Nandi, no! ¡Es un cable de alta tensión! ¡No! ¡NOOOO! “Y recuerde, pase lo que pase, no debe despertar al niño”. ¡Y una mierda, doctor! ¡Ahhhh, te tengo! ¡Dios mío, por qué poco! Yo te mato, condenado.
-¡Ay, ay! ¿Mamá? ¿Qué ha pasado? ¿Quién ha roto la tele? ¿Por qué estás tan roja y respiras tan deprisa? ¿Y por qué me escuece tanto el culo? ¿Y dónde está Roque?

-Menos mal que contraté el servicio de asistencia 24 horas.
-Así es, caballero, y no se preocupe: en un periquete remolcamos su vehículo hasta el taller y le llevamos a su casa.
-Muchas gracias… ¡Ah, que susto, coño! ¡Mi coche, qué golpe! ¿De dónde ha salido ese bicho? ¡Joder, qué asco! Me ha puesto la camisa perdida de sustancia viscosa…
-Menudo lagarto, ha debido caer de algún tejado. No se preocupe, la chapa de estos coches es muy dura. Bueno esto ya está. ¡Dale, Juan, que ya lo tengo enganchado!
-Voy… -¡Cuidado, jefe, el cable de alta tensión, viene hacia nosotros! ¡Corra, apártese!
-¿Qué cable?

FIN (el de Roque por traumatismo múltiple; el de la primera y última grúa de la empresa Grúas Gómez y el del Volkswagen averiado que arrastraba, ambos achicharrados; el del carbonizado jefe del último trabajo de Juan; y el de la falsa creencia de que a los sonámbulos no se les debe despertar).

domingo, 1 de abril de 2012

Un cuento con dos finales




UN CUENTO CON DOS FINALES





Ernesto llevaba días caminando por aquel territorio inexplorado. Acabada de salvar la cumbre de un joven monte de carrascas, pero apenas discernía algo en el horizonte: había caído la noche. Decidió acampar. Buscó algo de leña, sacó su flauta, comenzó a buscar sus estrellas preferidas entre el ramaje de las encinas y, al arrullo de su propia música, se quedó profundamente dormido.

Al alba, despertó. No podía creerlo. El lugar con el que siempre había soñado, incluso aquella misma noche, se abría a sus pies. Ernesto bajó aprisa la ladera del monte. La erosión caprichosa había moldeado una gran piedra despeñada, concediéndole la forma de un sillón. Tomó aquel asiento frío y duro, pero reconfortante. Era la mejor vista del mundo. Frente a él discurría un río vigoroso de agua fresca y cristalina, que acompasaba su murmullo con el trino de una pareja de mirlos. Al otro lado del río se extendía un valle fastuoso, mágico, a los pies de una montaña grande y arrogante. Ernesto, con mucho mimo, extrajo el cuadernillo de su bolsillo. Repasó los planos y se puso manos a la obra. Habían transcurrido dos primaveras desde que fuera expulsado del último pueblo.

Pasó el verano, pasó el otoño, y el invierno. Ernesto, con igual mimo, regresó el cuadernillo a su bolsillo. La hermosa casa de piedra y madera estaba terminada; era exactamente igual a las otras que había construido siguiendo el diseño de su abuelo. De esta forma, Ernesto regresaba nuevamente al hogar de su niñez. Se sentó en el sillón de piedra y, como todas las tardes, disfrutó de los mirlos, imitando su canto con la flauta. Despidió al Sol que se perdía tras la montaña y, poco antes de acostarse, dio la bienvenida a sus queridas estrellas.

* * * * * * *

A principios de la primavera siguiente, Ernesto, sentado en su trono de piedra, vio como se acercaba una pequeña balsa que llevaba la corriente del río. A bordo viajaba un hombre que, a duras penas, logró conducir su rudimentaria embarcación hasta la orilla. Cayó, más que bajar, de la balsa y se dirigió hacia la casa. Apenas podía caminar; apenas pudo separar los labios para hablar.
-Yo…
Ernesto no dijo nada. Llevo al recién llegado al interior de su casa. Como anticipaba su aspecto, aquel hombre llevaba días sin comer. Y sin dormir: no despertó hasta la tarde del día siguiente. El hombre abrió los ojos y le costó unos minutos situarse. Estaba solo en la casa. Husmeó con curiosidad y admiración el interior de aquella fabulosa construcción. Comió todo aquello que Ernesto le había dejado preparado en la mesa. Y, muy intrigado, salió a buscar a su benefactor. Ernesto trabajaba en el huerto; sintió las pisadas pero no se volvió.
-Yo…
-Puedes quedarte el tiempo que necesites –se adelantó Ernesto sin girarse.
-No tengo nada para pagarte –se sinceró, muy inquieto.
El hombre hizo una extraña mueca justo cuando Ernesto se daba la vuelta. Sólo es una extraña manera de sonreír –pensó Ernesto y le respondió cordialmente:
-¿Qué importa eso? Me pagarás con tu compañía.

Durante los meses siguientes, Ernesto compartió todos sus secretos con aquel hombre extraño. Incluso le cedía su sillón de piedra la mayoría de las tardes para contemplar el paisaje al otro lado del río.
-Es el mejor lugar del mundo, ¿por qué no levantaste la casa allí?
-Porque ya no disfrutaría de la vista–respondió Ernesto.
-Me gustaría hacerme una casa para mí solo –dijo el hombre.
-Claro.
-Yo…
-Toma –dijo Ernesto, entregándole su cuadernillo-. No creo que vuelva a necesitarlo.
El hombre le respondió con su extraña mueca.
Al día siguiente el hombre de la mueca se marchó. Al mes siguiente, Ernesto vio llegar un barco muy grande. Al menos una docena de hombres descendió del barco, al otro lado del río, y se pusieron a trabajar de inmediato. Antes de que llegara el invierno, la casa del hombre de la mueca estaba terminada, justo en medio del valle. Muy pronto, el humo de su chimenea comenzó a desvirtuar el carácter de la gran montaña.

Y llegó una nueva primavera. Todas las semanas arribaban grandes barcos de los que descendían toda clase de gente, animales, maquinaria. En pocos meses, Ernesto vio levantarse docenas de casa idénticas a la suya. Y vio colocar letreros de todas las clases de negocios imaginables. Y vio un letrero mayor en la mayor de las casas, en el que ponía Ayuntamiento, y vio al hombre de la extraña mueca, vestido muy elegante, asomado a un balcón de esa enorme casa, aclamado por la multitud.
Y aquella gente construyó un puente para salvar la bravura del río. Y comenzaron a construir una carretera que se aproximaba cada vez más a su propia casa. Y Ernesto sintió emoción: aquella gente, le tendía la mano, aquel hombre de la extraña mueca, le devolvía su cariño.
Y, cierto día, llegó un hombre muy antipático y sacó un papel sellado.
-Es un edicto del Ayuntamiento –le anunció-. Por orden del excelentísimo Alcalde… –comenzó a leer.
Y siguieron construyendo la carretera, por donde antes hubo una piedra con forma de sillón, y por donde antes hubo un hermoso huerto.
Y, en otra ocasión, regresó el hombre antipático y sacó otro papel sellado.
-Es un edicto del Ayuntamiento –le anunció-. Por orden del excelentísimo Alcalde… –comenzó a leer.
Y, desde entonces, Ernesto tenía que pagar un impuesto porque ahora disponía de un puente y de una carretera.
-Pero yo no tengo con que pagar…
-Ese no es mi problema.
De nuevo,  llegó el hombre antipático con un nuevo papel sellado.
-Es un edicto del Ayuntamiento –le anunció-. Por orden del excelentísimo Alcalde… –comenzó a leer.
Y, desde entonces, Ernesto tenía que pagar un impuesto por haberse construido una casa utilizando el diseño propiedad del Ayuntamiento.
-Pero yo no tengo con que pagar…
-Ese no es mi problema.
Y, cierto día de invierno, llegó otro hombre tan antipático como el otro y le entregó un papel en el que ponía sentencia de desahucio.
Antes de acabar el invierno, Ernesto tuvo que dejar su casa.

¿FIN?

Y es aquí donde suelen terminar las historias en la vida real, pero el cuentista, o sea yo, que para eso soy el autor, me permito añadir una segunda versión desde donde coloqué los asteriscos:

* * * * * * *

A principios de la primavera siguiente, Ernesto, sentado en su trono de piedra, absorto en su música, no vio como la corriente del río arrastraba la pequeña balsa en la que viajaba el hijo de p*** que sirvió de merienda a una pareja de caimanes unos cientos de metros más adelante.

Y ahora sí: FIN