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sábado, 17 de marzo de 2012

La sonrisa



 
LA SONRISA



Suena la alarma. Emilio se levanta a las siete y veinte, como todos los días. Siempre coloca el despertador al revés para que las manecillas le sonrían. Emilio le devuelve la sonrisa al despertador y se levanta despacio, con cuidado de no hacer ruido, para no despertar a María. Hoy es domingo, y no tiene que abrir la tienda. María sigue sin entenderlo, después de treinta años de matrimonio. A ella le encanta quedarse pegada a las sábanas los domingos.
Emilio se ha vestido con lo primero que ha encontrado y sale a hurtadillas de la habitación. Entra al cuarto de baño, prescinde de afeitarse –el domingo no toca-, e inunda su rostro de agua fresca. Se guiña un ojo en el espejo.
Abre la ventana de la cocina, respira profundamente. Escruta el interior de la nevera en busca de algo refrescante y se decide por un sublime fresón de un rojo luminoso.

Emilio saluda a Antonio en la escalera. A Antonio también le encanta madrugar los domingos; se levanta incluso antes que Emilio, y le gusta echárselo en cara:
-Corre, Emilio, o te quedarás sin churros –bromea Antonio.
Emilio compra solamente seis churros: para el desayuno de María, pues él prefiere el pan tostado. Después va en busca del periódico y se entretiene un rato a discutir de fútbol con Gustavo, el kiosquero, antes de regresar a casa.
María ya está levantada. Mientras ella se asea, Emilio prepara el desayuno. Se reparten las hojas del periódico. Otro científico chiflado, piensa María, otro majadero que anuncia el cercano fin de nuestro Sol. Ríen.

Emilio decide llevar a María al centro. Sabe lo que le gustan las sorpresas. Sabe que le encanta ese pequeño restaurante italiano, el de los mantelitos de flores. Le dice a María que se arregle. Ella no pregunta, sólo le sonríe, y Emilio le guiña un ojo.
Emilio espera. Ya ha leído todo el periódico, incluso ha completado el crucigrama que nunca termina. Sabe que María emplea su tiempo en emperifollarse pero…
María no aparece. No aparece. No… aparece. No… No… ¡No!
Un súbito pinchazo abrasa las sienes de Emilio y le levanta un profundo dolor de cabeza. Emilio sale aprisa de casa, conoce los síntomas y trata de huir, necesita escapar de la realidad.

Las calles abrigan a Emilio con su silencio. El último eco de los lamentos quedó al otro lado de alguna esquina. El cielo es cada vez más amarillo: el Sol desperdiga su ser, poco a poco, por todo el firmamento. El agua, escasa y turbia, se estanca en los cauces, cansada de fluir. Los árboles, grises esqueletos, sólo son el vestigio de la belleza que fue, y que hoy yace quebrada. La brisa pasea el aroma de la muerte por todas partes.

La consciencia ha regresado. Emilio recuerda. Emilio comprende. Clava sus rodillas en el suelo polvoriento, levanta sus puños y grita al ámbar de los cielos.
-¡Señor, si has de dejarme sólo en este mundo, al menos permíteme conservar mi locura!

María, por fin, ha terminado de arreglarse: está más guapa que nunca. Emilio besa sus labios. Ella se sonroja y sonríe. Él la guiña un ojo y le susurra al oído:
-Te quiero.

24 comentarios:

  1. me ha gustado , gracias por compartirlo,
    besos LAVINIA

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  2. ......divina locura aquella que nos ayuda a evadir la realdad cuando ésta se hace insoportable.....
    Me ha encantado "la sonrisa"!!!!!

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  3. Tal vez a diario pasamos por esos chispazos de locura/realidad, y eso nos ayuda a sobrevivir, también a no tomarlo todo a la tremenda. Mientras no sean a causa de un dolor tan fuerte...
    ¡Bravo, Cuentista!

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  4. Comparto con Cristina, la locura nos evade, divina sea esta que oculta con una sonrisa el dolor.
    Me encantó tu locura de escritor.

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    1. Muchas gracias, Moli. Asi dan ganas de seguir escribiendo locuras.

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  5. Si todas las locuras del mundo fueran tan hermosas como está, estaríamos salvados. Muy bien escrito. Rezuma y contagia todo el sentimiento.

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    1. Te estoy muy agradecido, Pepi. Me alegra saber que te ha gustado. Nos leemos.

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    1. Gracias, firmamento, por pasarte por aquí y por el comentario.

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  7. La locura de la realidad (jajajaja, me ha gustado bastante). Siempre me agrada desconectar en tu espacio. Sigue así; a darle a las letras.

    Un abrazo.

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    1. Gracias, Dany. Siempre se agradecen tu visita y tus palabras. Un abrazo. (A ver cuando te "amiembras", nos gustaria tenerte de camarada en esta humilde comunidad.)

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    2. HAY UN PLACER EN LA LOCURA QUE SOLO LOS LOCOS CONOCEN.........
      FERNANDO ME ENLOQUECE LEERTE....

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    3. Para mi es un placer enloquecerte, Meryross. Gracias por comentar.

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  8. QUE LINDO FERNANDO!! ME ENCANTO! TE FELICITO

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    1. Muchas gracias, Patricia. Bienvenida a la guarida.

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  9. Todos se han quedado con el toque de la locura, pero lo que más me gusta a mí de este relato es la forma en que reflejas el salto al vacío, desde la absoluta felicidad a la total devastación (posible último habitante) de una forma tan sencilla. Soy poco original pero a mi, también me ha encantado.

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    1. Muchas gracias por tu preciso -y precioso- comentario. Un doble beso.

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  10. Una locura de amor
    o un enredo de tristeza
    que aparece en la cabeza
    en momentos de temblor.

    EL PONTON DE LA OLIVA

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