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miércoles, 28 de marzo de 2012

Nandi en el circo





NANDI
EN EL CIRCO


-Muy bien, niños, escuchad, ahora vamos a ir todos a la carpa principal, en fila, de dos en dos. No os despistéis. Venga, seguidme.
-¡Mira, Pepillo, las jaulas de los animales!
-Tenemos que ir con el resto del colegio, Nandi.
-Será sólo un momento, vamos.
-Mira, Nandi, los leones.
-Sí, los tienen en una jaula justo al lado de ese elefante pequeñín. Pobrecito elefantito,  le han encerrado aquí solito. Yo le llamaría Roque. Mira está llorando, debe echar de menos a su mamá.
-¿Roque? Vaya nombre, además yo creo que tiene conjuntivitis, como mi padre. Y lo tienen aislado para que no contagie al resto de elefantes...
-Qué sabrás tú, Pepillo.
-Bah, esto es un rollo, me vuelvo con los demás.
-Pues adiós.
-Nandi, como no vengas te la vas a cargar.
-Bah, tonterías. No te preocupes, Roque, yo te haré compañía. Pobre, no llores. Me da una pena… ¿Sabes qué? te voy a soltar para que vayas con tu mamá. A ver… aquí hay un montón de botones que pone open, y yo sé mucho inglés. Open es abrir… ¿Cuál será el de tu jaula? Voy a probar con estos dos...
-¡No, niño! ¡No! ¡No pulses ahí! Se comunicarán las jaulas y los leones no han comido todavía… ¡Nooo, no, ese botón tampoco, es el de los elefantes problemáticos! ¡Qué alguien detenga a ese niño! ¡Dios mío, los elefantes están sueltos y corren despavoridos! ¡Alarma! ¡Alarma!
-Mira, Roque esa que viene por ahí debe ser tu mamá. Jo, qué mala leche trae. Mejor me escondo aquí, dentro de este armario. ¡Hala, está lleno de escopetas!

-¡Los elefantes están fuera de sí! ¿Has traído los dardos tranquilizadores?
-¡Alguien ha cerrado por dentro el armario de los rifles!
-¡Maldita sea, hay que ponerse a salvo!
-¡Corre Toni, lleva a los orangutanes al tren de los payasos, yo voy a por los chimpancés!
-¡Ok! Ya habéis oído, chicos, vamos Rufus, vamos Cholo, vamos Princesa, Gigante, Demonio, Morritos…
-Eh, vosotras, las taquilleras, ¿dónde vais? Que no cabemos.
-Si yo os he visto meter hasta cuarenta payasos…
-Es un truco, por Dios… ¡Ay, no empujen!
-¡Haced sitio, qué vienen los trapecistas!
-¡Coño, por lo menos deja los perritos fuera, Lupe!
-¿Y los payasos?
-¡Debajo de tu culo, señor forzudo!
-Uf, hay humo, ¿quién se ha puesto a fumar ahora?
-Jo, es que había estado practicando para el número del Faquir…
-Andrés, podías haber dejado el conejo dentro de la chistera…
-Qué quejicas son los malabaristas, oye.
-Claro como vosotras sois contorsionistas.
-¡Que cerdo, hombre bala, vamos ni tu cañón!
-Lo siento, la presión en el estómago…,  y como comí coliflor…
-Ahí llega Gustavito, el domador conquense: ya estamos todos.
-No, aún falta el director y ese nuevo…  ¿Juan?

-… ¡Les ruego que disculpen al gran domador Gustav el ucraniano! ¡Más tarde estará con nosotros…! ¡Ahora el espectáculo debe continuar! ¡Damas y caballeros! ¡Niñas y niños! ¡Recién llegados de la lejana y enigmática Pakistán, tengo el placer de presentarles a los más increíbles acróbatas que jamás hayan visto sus ojos! ¡Con todos ustedes los hermanos Saleem! ... ¡Los hermanos Saleem! ... ¡LOS HERMANOS SALEEM! ... Pues parece que tampoco salen los puñeteros hermanos… ¡No pasa nada, querido público! ¡El espectáculo nunca se detiene! ¡Mientras los hermanos Saleem terminan de prepararse, les presento a la cuarta generación de los payasos más famosos de la historia del circo y a sus desternillantes aventuras en el Tren Chiflado! ¡Damas y caballeros! ¡Niñas y niños! ¡Dispóngase a reír como nunca! ¡Un fuerte aplauso para los hermanos Faressi! … ¡Los hermanos Faressi! … ¡LOS HERMANOS FARESSI! … ¡Mierda, cojones, me cago hasta en los lápices de colores!
-Jefe, baje el micrófono, hombre, que se oye todo por el megáfono.
-¿Ah, sí? Pues toma, Juan, para ti el micrófono, yo me voy a mi caravana a emborracharme.
-Pero, Jefe, ¿y yo que digo?
-Me importa un carajo.
-¡Ejem! ¡Era… era una broma de nuestro director, una broma, estimado público! ¡Esto…! ¡Yo…! ¿Se saben el chiste del niño que va a explorar con su pollito…? ¡Bueno, tampoco es para ponerse así…! ¡No me tiren cosas, jolín! ¡Miren, miren, ya llegan los elefantes…! ¿Y el domador? ¡La Virgen, como corren esos bichos! Ay, madre… ¡Una estampida! ¡Sálvese quien pueda!

-Parece que ya se han ido. Ya puedo salir. Anda, Roque no está y en su jaula están ahora los leones. ¡Qué risa, los leones se están poniendo morados de filetes! ¡Qué brutos, cómo se pelean por esa enorme salchicha gris! Qué raro, no hay nadie, y ya se han ido los del colegio y no me han esperado. Mamá me va a poner el culo… Bueno, total, como ya llego tarde de todas formas, buscaré a Roque. ¿Roque? ¿Roque? ¡Hala, que birria de circo, está todo caído! Por eso se habrán ido tan pronto. ¿Dónde se habrá metido Roque? ¿Roque? ¿Roque? Claro, se habrá ido con su mamá. Qué pena, no he podido despedirme de él…

FIN (el de Roque, dedicado a formar parte de la cadena alimenticia, el del aplastado jefe del último trabajo de Juan, el de las existencias de tranquilizantes en la ciudad, y el del circo en cuestión como no podía ser de otra manera).

domingo, 25 de marzo de 2012

Filósofos y poetas... diferentes (12)

Charles Spencer Chaplin
(Londres, Reino Unido, 16 de abril de 1889 – Vevey, Suiza, 25 de diciembre de 1977)


Mirada de cerca la vida es una tragedia pero, vista de lejos, parece una comedia.

No esperes a que te toque el turno de hablar; escucha de veras y serás diferente.

Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más.

Trabajar es vivir y a mí me encanta vivir.

Hay una cosa tan inevitable como la muerte: la vida.

Nunca te olvides de sonreír por que el día que no sonrías será un día perdido.

A fin de cuentas, todo es un chiste.

La vida no es significado; la vida es deseo.

El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.

El verdadero significado de las cosas se encuentra al tratar de decir las mismas cosas con otras palabras.

Cuando se mata a uno se es un criminal. Cuando se mata a miles se es un militar y se reciben medallas.

Ríe y el mundo reirá contigo; llora y el mundo, dándote la espalda, te dejará llorar.

Sin haber conocido la miseria es imposible valorar el lujo.

Aprende como si fueras a vivir toda la vida y vive como si fueras a morir mañana.

Sé tú, e intenta ser feliz pero, sobre todo, sé tú.

La vida es una obra que no permite ensayos. Canta, ríe, baila, llora, vive intensamente antes de que el telón baje.

Hay que tener fe en uno mismo. Ahí reside el secreto. Aun cuando estaba en el orfanato y recorría las calles buscando qué comer para vivir, incluso entonces, me consideraba el actor más grande del mundo. Sin la absoluta confianza en sí mismo, uno está destinado al fracaso.

La vida es maravillosa si no se le tiene miedo.




viernes, 23 de marzo de 2012

Criaturas


 


CRIA
TURAS








Hasta hacía pocos días, la chiquilla había estado viajando en un grupo numeroso en el que también estaba su hermana mayor. En aquel grupo nadie parecía estar seguro de saber hacía donde dirigirse, nadie parecía saber cómo hacer frente a las horribles criaturas. Se contagiaban el miedo los unos a los otros, un miedo que les atenazaba y les obligaba, a veces, a permanecer días y días ocultos, temerosos de seguir adelante. Se escondían en cuevas, cobertizos, bajo pequeños puentes, inundando sus cuerpos si era preciso. Viajar con el grupo no era agradable pero, con mucho, era mejor que estar sola.
La muchacha caminaba sin rumbo, con el Sol a su espalda. Se sentía cada vez peor. Al pasar a la altura de unos álamos pudo oír el rumor. Corrió hacia el riachuelo, estaba sedienta. Mientras bebía se reconoció en el improvisado espejo de las aguas. Se tocó la frente. Y recordó.
Era temprano. El grupo dormitaba abrigado en la espesura de un bosque. Y entonces las oyeron. Las criaturas aparecieron por todas partes. Se movían de forma extraña. Emitían sonidos incoherentes. Despedían miradas llenas rabia y de ira. Y, sorprendentemente, quizá al emerger un coraje oculto, o quizá por estar ya cansados de ocultarse, el grupo hizo frente a las criaturas con una fiereza desorbitada. Lo único que deseaban era acabar con aquellos horribles monstruos. Y lo más increíble es que, aquella mañana, ella misma había acabado con dos de aquellos seres, antes de recibir un golpe brutal en la frente, caer rodando por un pequeño barranco entre los árboles y perder el conocimiento.
Cuando despertó, se encontraba junto a un arroyo. Remontó el pequeño barranco pero su grupo y las terribles criaturas habían desparecido. En el lugar de la batalla yacía un mar de cuerpos destrozados de ambas especies.
La muchacha subía despacio una colina en cuya cima destacaba un pararrayos, bajo el cual fueron apareciendo un tejadillo agrietado, una campana herrumbrosa, una iglesia y un pueblo. Un edificio de dos plantas le llamó especialmente la atención, un colegio. Entró y se paseó por pasillos y clases. Todo estaba ordenado. Comenzó a hojear los libros. Los recuerdos seguían llegando precipitadamente; se acumulaban sin orden en su cerebro. Su colegio, su casa, sus padres. Su hermana. ¿Qué debía hacer con todo aquello que se agolpaba en su alma? Sin embargo, tenía tanto miedo que apenas le quedaban fuerzas para pensar en sus sentimientos. Y entonces oyó sus pasos. Y los vio por la ventana. Las criaturas, con sus extraños movimientos, se aproximaban al colegio. Salió despavorida del aula y atravesó veloz el pasillo. A través de los cristales creyó cruzar una mirada con una de las criaturas. Se metió en un cuarto de limpieza y cerró la puerta. Estaba temblando.
La puerta del colegio chirrió al abrirse. El sonido de las pisadas fue aproximándose hasta pararse justo al otro lado de la puerta. Podía oír su dialecto ininteligible, podía sentir el latido de sus corazones. Su brazo tropezó con un cubo y empezaron a caer toda una suerte de cosas. La puerta se abrió de repente. Una de las criaturas le gritó.
-¡Malditas criaturas, dejadme en paz! –gritó desesperada sujetando su cabeza, que parecía que iba a reventar.
Los extraños seres seguían gruñendo, y, entonces, de pronto, la muchacha comenzó a entender.

***

Padre e hijo llevaban horas caminando en silencio. Ninguno de los dos deseaba recordar el pasado. El futuro era demasiado incierto para crear expectativas. Y en aquel presente demoledor tan sólo cabía escuchar lo que traía el viento, vigilar los propios pasos, y tratar de presentir el peligro.
-Eviten los pueblos y las ciudades. Caminen de día por lugares despejados, ocúltense por la noche en granjas o en casas aisladas, y vayan hacia sur. No olviden que las criaturas no hablan. Si se encuentran con alguien, pregunten una sola vez, si no contesta, apúntenle entre sus espantosos ojos blancos y no lo piensen, ¡disparen! Al sur, siempre al sur. Buena suerte, amigos –les deseó el policía malherido.
-Lo siento mucho… Yo… nosotros… -Jaime no encontraba las palabras.
-¡Vamos, váyanse, ya están aquí, puedo olerlos!
-Vamos, Jaime –le empujó su padre.
-Dios te salve, María, llena eres de gracia… -el policía les vio desaparecer al otro lado de la loma unos segundos antes de ser devorado. Su postrero lamento aún perseguía a Jaime.
Pasaron junto a los restos de una gasolinera. El hombre dejó que Jaime contemplara los cadáveres carbonizados. En otra época habría protegido al chiquillo de quince años de aquella horrible visión, pero ahora era de vital importancia que su hijo madurara deprisa. Junto a la gasolinera se abría paso una vieja carretera que llevaba a un pequeño pueblo, en lo alto de una colina, tras la cual, el Sol desaparecía poco a poco. Por encima de la casas, destacaba la torre de la iglesia y un edificio moderno de dos plantas, un colegio.
Después de muchas horas, el hombre rompió su silencio:
-Pasaremos la noche en aquel pueblo.
-Pero, padre, el policía dijo…
-No me importa lo que dijera ese pobre desgraciado. Se hace de noche, necesitamos descansar y apenas nos quedan víveres. Vamos, hijo, no pasará nada.
Después de recorrer casa por casa sin encontrar nada para comer, el hombre se fijó en el colegio.
-Entremos ahí, igual encontramos algo en las máquinas expendedoras.
-¡Padre, hay alguien dentro del colegio!
-Sí, ya lo he visto, corría como un poseso. ¿Llevas tu arma a punto?
-Sí, padre.
-Está bien, vamos dentro.
La puerta del colegio chirrió al abrirse.
-¡Mierda! Bien, mantengamos la calma. Iremos por ese pasillo. Jaime, tú ve detrás de mí y vigila nuestras espaldas.
Recorrieron algunos pasos y se detuvieron al llegar a la altura de una puerta cerrada.
-Me parece que está ahí, padre.
El fuerte sonido de cosas cayendo, confirmó sus sospechas.
-¡Abre la puerta, Jaime, yo te cubro!
Jaime obedeció la orden de su padre.
-¿Eres humana? Vamos, di, ¿eres humana?
Sólo recibió un gruñido por respuesta de aquel ser desquiciado que se sujetaba la cabeza.
-No es humano, Jaime. Mátalo, vamos, mata a ese bicho.
-Es una niña, padre.
-Niño o adulto, ¿qué más da? Es uno de ellos, ¡Vamos, Jaime! Ya sabes lo que hay que hacer. ¿A qué esperas? Mátalo. ¡Ya!
-Sí, padre…
-No, por favor, no lo hagas… -susurró con gran esfuerzo.
Jaime sintió como el escalofrío le recorría toda la espalda.
-Dios mío… ¡padre, creo que me está hablando…!
-¿Qué coño estás diciendo? ¡Vamos, hijo, mátalo, mata a ese demonio!
-¡Pero, padre…!
-¡Aparta, quítate del medio!
El hombre apoyo el cañón de su escopeta en la frente despellejada de la muchacha.
-Las criaturas no hablan, maldita sea. ¿Cuándo vas a entenderlo, Jaime? Si quieres sobrevivir, tendrás que ser capaz de hacer esto.
El hombre amartilló su arma.
-Regresa al infierno, apestosa criatura –dijo, sin dejar de mirar los enormes ojos blancos de la muchacha.
-Me llamo Isabel, tengo once años. Por favor, señor, no me mate.

martes, 20 de marzo de 2012

Nandi en el Zoo


Nandi en el Zoo


-¡Hola, Angelines, cariño! ¿Qué tal estáis? ¿Nosotros? Bien, bien, como siempre. Y el pequeño Víctor, ¿qué tal? Que rico… Claro, claro, ahora que se siente seguro correteará por todas partes y querrá cogerlo todo… Normal… ¿Nandi? Bien, muy bien. Hecho un trasto. ¿Cómo?  ¿Qué os vais al Zoo? Ah, pues os hará muy buen día… ¿A Nandi? Ni se te ocurra, hermana. Tú estás loca. Con este niño no hay quien… Que no, que de ti me fio, cariño… Ya, ya sé que eres su madrina, pero… ¿Estás segura? Bueno, de acuerdo, tú verás… Vale, mañana por la  mañana te le tengo listo. Un beso, cariño, adiós, adiós…

-Sube detrás, con el primo.
-Víctor es un bebé, ¿a que sí, tía Angelines?
-Sí, cielo, es un bebé. Y como tú eres el primo mayor tendrás que cuidar de él.
-¡Vale! Y le puedo enseñar todos los animales, ¿a que sí?
-Sí, cielo, todos los animales. Porque tú sabes mucho de animales, ¿verdad?
-¡Sí!, los conozco todos.
-¿Has visto, tío Pedro, todo lo que sabe tu sobrino?
-Miedo me da este niño…
-Ay, Pedro, como eres. Anda, conduce…

-¡Yo le llevo de la manita!
-Vale, Nandi, pero con cuidado, ¿eh? Que es muy pequeño.
-¿No están un poco alejados?
-Calla, Pedro, que miedoso eres, chico.
-Mira, primo Víctor, los flamencos. Corre, tócalos.
-¡Sí, sí, los encos!
-¡Víctor, hijo, no se tocan los animales!
-Te lo dije, no te fíes de ese monstruito…
-Ay, Pedro, calla y deja a los chiquillos. Mira tu hijo que bien se lo pasa.
-Mira, primo Víctor, los pelícanos. Corre, tócalos.
-¡Sí, sí, los ícanos!
-¡Víctor, no se tocan los animales!
-Verás, verás al final como…
-Ay, Pedro, calla de una vez.
-Mira, Víctor, las hienas. Corre, métete por ahí y las tocas.
-¡Sí, sí, las enas!
(Tranquilos, amigos lectores, tranquilos).
-¡Niños, vamos, venid! ¡Es hora de comerse los bocadillos!
-Jo. Venga, primo Víctor, a comer.

-¡Mirad, niños, van a dar de comer a los osos polares! ¿Habéis visto, la mamá oso tiene una cría pequeñita, pequeñita…? ¿Niños? ¡Víctor! ¡Nandi! ¡Ay, mi madre, que no están!
-¡Te lo dije, Angelines!
-¡Calla, Pedro, y busca a los niños!
-Mira, primo Víctor, por esa puerta se entra a la casa del oso polar.
-¡Sí, sí, el opolá!
-Vamos a asomarnos. Mira, tiene un hijito. ¡Hala, que pequeño! Es igualito que Roque… ¡Es Roque! Vamos, primo Víctor, vamos a meternos dentro. ¡Ahora, primo, ahora, coge al oso polar pequeñito!
-¡Si, sí, el opolá eeñito!
-¡Niños! ¿De dónde coño habéis salido? ¡Fuera de aquí! ¡No, no bajéis al foso! ¡Juan, deprisa, sujeta a la madre!
-¿Qué la sujete? ¡Joder, jefe!, ¿qué quiere, que la abrace?
-Corre, primo Víctor, corre, que te come el oso polar.
-¡No, no, el opolá, no!
-¡Juan, ayúdame, la osa…! ¡Mi pierna!
-¡Ya voy, jefe, ya voy!
-Pero, ¿dónde vas?
-¡A por el botiquín, jefe!
-¡Idiota…! ¡Ay!
-¡Víctor, Nandi! ¡Por fin! ¿Dónde estabais?
-Ahí, viendo los pingüinos…
-¿Los pingüinos? Ay, estos niños… Bueno, vámonos a casa, que ya es tarde.
-Le daba una azotaina…
-Calla, Pedro, no seas burro.

-Venga, Nandi, sube al coche. Anda trae tu mochila… Nandi, ¿te comiste el bocadillo?
-Sí, tía Angelines.
-Pues hay que ver lo que pesa esta mochila.
Ochila opolá eeñito!
-Calla, primo, no seas chivato. ¡Víctor se ha cagaó!
-¡Vaya por Dios! Toma, Nandi, dale tu mochila al tío Pedro para que la meta en el maletero, y mientras le limpio el culo a tu primo. A ver, hijo… Pues no parece que huela mal…
-Toma tío Pedro. Ten cuidado con Roque… digo con la mochila, ¿eh? Trátala con cariño, ¿vale?
-¿Cómo? Vamos, mocoso, métete en el coche. No te fastidia, este crío… Voy a tener cuidado, sí. Ya lo creo... ¿Quiere cariño? ¡Pues toma cariño! ¡Ahí va la puñetera mochila! Y ahora, con cuidado, todo lo demás encima de la mierda de la mochila. Hasta las herramientas… ¡Hala, con cariño! Me cago hasta en el fabricante de la mochila… No te jode… ¿Será posible?, que tenga cuidado…

FIN (El de Roque por sufrir daños incompatibles con la vida, el de la mochila de Nandi por lo mismo, el del matrimonio de la tía Angelines y el de la pierna del jefe del último trabajo que tuvo Juan)

sábado, 17 de marzo de 2012

La sonrisa



 
LA SONRISA



Suena la alarma. Emilio se levanta a las siete y veinte, como todos los días. Siempre coloca el despertador al revés para que las manecillas le sonrían. Emilio le devuelve la sonrisa al despertador y se levanta despacio, con cuidado de no hacer ruido, para no despertar a María. Hoy es domingo, y no tiene que abrir la tienda. María sigue sin entenderlo, después de treinta años de matrimonio. A ella le encanta quedarse pegada a las sábanas los domingos.
Emilio se ha vestido con lo primero que ha encontrado y sale a hurtadillas de la habitación. Entra al cuarto de baño, prescinde de afeitarse –el domingo no toca-, e inunda su rostro de agua fresca. Se guiña un ojo en el espejo.
Abre la ventana de la cocina, respira profundamente. Escruta el interior de la nevera en busca de algo refrescante y se decide por un sublime fresón de un rojo luminoso.

Emilio saluda a Antonio en la escalera. A Antonio también le encanta madrugar los domingos; se levanta incluso antes que Emilio, y le gusta echárselo en cara:
-Corre, Emilio, o te quedarás sin churros –bromea Antonio.
Emilio compra solamente seis churros: para el desayuno de María, pues él prefiere el pan tostado. Después va en busca del periódico y se entretiene un rato a discutir de fútbol con Gustavo, el kiosquero, antes de regresar a casa.
María ya está levantada. Mientras ella se asea, Emilio prepara el desayuno. Se reparten las hojas del periódico. Otro científico chiflado, piensa María, otro majadero que anuncia el cercano fin de nuestro Sol. Ríen.

Emilio decide llevar a María al centro. Sabe lo que le gustan las sorpresas. Sabe que le encanta ese pequeño restaurante italiano, el de los mantelitos de flores. Le dice a María que se arregle. Ella no pregunta, sólo le sonríe, y Emilio le guiña un ojo.
Emilio espera. Ya ha leído todo el periódico, incluso ha completado el crucigrama que nunca termina. Sabe que María emplea su tiempo en emperifollarse pero…
María no aparece. No aparece. No… aparece. No… No… ¡No!
Un súbito pinchazo abrasa las sienes de Emilio y le levanta un profundo dolor de cabeza. Emilio sale aprisa de casa, conoce los síntomas y trata de huir, necesita escapar de la realidad.

Las calles abrigan a Emilio con su silencio. El último eco de los lamentos quedó al otro lado de alguna esquina. El cielo es cada vez más amarillo: el Sol desperdiga su ser, poco a poco, por todo el firmamento. El agua, escasa y turbia, se estanca en los cauces, cansada de fluir. Los árboles, grises esqueletos, sólo son el vestigio de la belleza que fue, y que hoy yace quebrada. La brisa pasea el aroma de la muerte por todas partes.

La consciencia ha regresado. Emilio recuerda. Emilio comprende. Clava sus rodillas en el suelo polvoriento, levanta sus puños y grita al ámbar de los cielos.
-¡Señor, si has de dejarme sólo en este mundo, al menos permíteme conservar mi locura!

María, por fin, ha terminado de arreglarse: está más guapa que nunca. Emilio besa sus labios. Ella se sonroja y sonríe. Él la guiña un ojo y le susurra al oído:
-Te quiero.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Nandi en el supermercado


 
Nandi en el supermercado


-Nandi
-¿Qué, mamá?
-Ponte los zapatos que nos vamos al supermercado.
-Yo no puedo ir, estoy jugando con Roque. Vete tú.
-¿Será posible? Vamos, no me hagas enfadar. No pienso dejarte aquí solo. Y guarda ese hámster en su jaula ahora mismo, no se te ocurra dejarle suelto. En cuanto salga del baño quiero verte con los zapatos y el abrigo puestos.
-No te preocupes Roque, no voy a dejarte solito. Ven, métete aquí dentro del jersey. Que a gustito estás, ¿eh?

-¿Qué vamos a comprar, mamá?
-Cosas.
-¿Qué cosas?
-Cosas para limpiar y para comer.
-¿Y para Roque?
-Roque ya tiene su pienso.
-Es que ese pienso sabe raro.
-¿Raro? ¡Nandi, por el amor del cielo! ¿Has comido pienso del hámster?
-¿Eh?... no, no. Me lo ha dicho Roque.
-¿Roque? Ya, claro. Dios mío, que niño este.

-Mamá, ¿me compras cereales de esos?
-Si a ti no te gustan los cereales…
-Ahora sí.
-¿Te has creído que me chupo el dedo? Te he dicho que no vamos a comprar nada para Roque.
Y no pongas esos morros.
-¡Mira, mamá, guisantes congelados! Anda, compra una bolsa para Roque…
-¡Qué no!
-Jo.
-Ni jo ni ja. Venga, vamos al otro pasillo.
-¿Me dejas ir a ver las herramientas?
-Bueno, está bien, pero espérame allí y no se te ocurra moverte del sitio.
-¡Vale, gracias!

-Ahora, Roque, ahora que no hay nadie. Métete ahí, en el congelador, y te puedes comer todos los guisantes que quieras. Tranquilo, no tiembles, no tengas miedo, yo estaré vigilando. Verás, quitamos unas cuantas bolsas de guisantes… Así, muy bien… Y ahora te pongo ahí y te tapo con todas las bolsas que he quitado. ¡Te vas a poner morado, Roque! ¡Bueno, qué risa!, si ya te estás poniendo morado solo de pensarlo, ¿eh?
-¡Nandi! ¿Todavía estás aquí? ¿No ibas a ver las herramientas? Menos mal que he pasado por aquí… ¡Nandi, cierra la puerta del congelador ahora mismo, que se escapa el frio, hijo, por Dios!
-Pero es que…
-Vamos, que tengo que comprar unos cangrejos.
-¿Cangrejos vivos?
-Sí…
-¡Bien! ¡Toma! ¡Vamos, mamá, vamos!

-Anda, Nandi, ayúdame, coge esa bolsa que ya eres todo un hombretón.
-Ese señor te mira, mamá.
-¿Pilar?
-¿Juan? ¡Cuánto tiempo!
-Sí, por lo menos… ¿ocho años?
-Siete, me acuerdo que cuando coincidimos estaba embarazada de este bicho.
-¡Vaya, que grande! Hola, campeón.
-¿Y qué haces por aquí, Juan? Que trajeado vas, ¿a qué te dedicas?
-Soy inspector de sanidad. Vengo de visita rutinaria.
-¡Anda! Pues en este sitio son de toda confianza.
-Sí, eso parece. En fin, Pilar, me alegro de verte. Cuídate.
-Hasta otra, Juan. Vamos, Nandi. Y la próxima vez que te saluden, contesta, ¿entendido?
-¿Quién era? ¿Un amigo tuyo?
-No, solo fuimos compañeros de clase. Y no me caía muy bien. Tenía muy mala leche.

-¡Vaya, hombre, ahora se poner a llover y tengo la ropa tendida! ¿Qué haces ahí parado, hijo? ¡Vamos que te mojas! ¿En qué narices estás pensando?
-¡Joder, Roque!
-¿Has dicho joder? En cuanto lleguemos a casa te lavo la boca con lejía. ¿Será posible…?
-Es que…
-No hay esques que valgan, tira para casa.

FIN (El de Roque a consecuencia de un fallo cardiaco por las bajas temperaturas. Y el de la cadena de supermercados al cometer determinadas infracciones graves con arreglo a la ley de manipulación de alimentos)

domingo, 11 de marzo de 2012

Filósofos y poetas... diferentes (11)


Leonardo di ser Piero da Vinci

(Vinci, 15 de abril de 1452 – Ambroise, 2 de mayo de 1519)



Pide consejo al que sabe corregirse a sí mismo.

La desigualdad es el origen de todos los movimientos locales.

Un vaso de arcilla cruda, si se rompe puede repararse, pero no el de arcilla cocida.

Aquel que más posee, más miedo tiene de perderlo.

Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz.

Antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia.

Los que se enamoran de la práctica sin la teoría son como los pilotos sin timón ni brújula, que nunca podrán saber a dónde van.

Si es posible, se debe hacer reír hasta a los muertos.

Quien no castiga el mal, ordena que se haga.

Reprende al amigo en secreto y alábalo en público.

Mientras pensaba que estaba aprendiendo a vivir, he aprendido cómo morir.

La pintura es poesía muda; la poesía pintura ciega.

Donde hay más sensibilidad, allí es más fuerte el martirio.

El que no valora la vida no se la merece.

La ciencia más útil es aquella cuyo fruto es el más comunicable.

Mediocre alumno el que no sobrepase a su maestro.

La amenaza es el arma del amenazado.

Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.

Todo nuestro conocimiento tiene su principio en los sentimientos.

Nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio.

Cuando la fortuna viene, tómala a mansalva y por delante, pues por detrás es calva.

Es imposible amar algo ni odiar algo, sin empezar por conocerlo.

viernes, 9 de marzo de 2012

El escaparate


 
El escaparate

 


Camila se encontró de pronto en un callejón umbroso y desangelado. Era todo tan extraño, inexplicable. Camila no podía precisar si acababa de perder la memoria o había recuperado de pronto la consciencia. Quiso apoyar su espalda, y mitigar su miedo, pero las paredes, que parecían tan cercanas, se alejaban a cada paso que daba.

El Sol salió sin más o, quizá, fue que ella abrió sus ojos. En cualquier caso, Camila lo vio, frente a sí, encerrado en un escaparate sin cristales; resplandecido por una inconstante luz azulada. Era un maniquí vestido con un viejo pijama rosa y calcetines desgastados. Lo habían colocado en un sillón de orejas de un color indefinido junto a una mesita auxiliar. Permanecía inmóvil, taciturno; con sus manos prestadas al descanso, sobre su regazo. Camila recogió un pensamiento errante:
-¿Una tienda de decoración?, no debe marchar bien el negocio, que mal gusto, y que desorden.

Camila se sentía sola en el callejón, pero no lo estaba en absoluto. Todos iban y venían. Camila contemplaba sus trayectorias y seguía recogiendo pensamientos.
-Un grupo de hombres vestidos de romanos que van a una fiesta de carnaval -pensó Camila-. Esa guapa presentadora con el rechoncho micrófono amarillo viene a entrevistarme… No, finalmente, pasa de largo y se pierde en la oscuridad del callejón.
Entonces,  el suelo comenzó a rechinar, y un sonido amortiguado la llevó a mirar hacia arriba. Sobre su cabeza pendía el aro que era atravesado una y otra vez por la pelota de color naranja.
-Son tan jóvenes, tan altos, tan fuertes. Pero bien podrían irse a jugar a otra parte, no vayan a lastimarme -pensó Camila y parecieron haberla oído: ya no estaban.

La gente seguía yendo y viniendo, sin embargo, Camila parecía ser la única en advertir aquel extraño escaparate y su aburrido maniquí.
-¡Un momento! –se alarmaba Camila-, las manos del maniquí ya no están en su regazo.
Una mano del maniquí servía de apoyo a la cabeza. La otra calmaba el picor de una pierna. Y Camila recogió un nuevo pensamiento… No, no era un pensamiento, era voces, voces procedentes del escaparate.
-¿Gertru, no vienes a la cama?
-¡Ya voy! –vociferó el maniquí, se levantó del sillón de orejas y tomó de la mesita auxiliar un objeto negro lleno de pequeñas teclas.
Fue lo último que vio Camila antes de desaparecer sin ni siquiera tener tiempo de recoger un último pensamiento.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Inventando palabras

(Idea basada en el personaje Matías Martín, el inventor de palabras, de la novela "La Colmena" de Camilo José Cela.)


¿No os ha pasado alguna vez que para describir determinadas cosas, acciones o situaciones, sencillas en el fondo, se complican en la forma a la hora de explicarlas?

Pues bien, de eso trata este juego, de inventar palabras que, por supuesto, la RAE no incluye en sus diccionarios.

Lo haremos en 3 pasos:

1 - La palabra (mejor en mayúsculas para destacarla).
2 - Su definición.
3 - La demostración de su empleo en, al menos, una oración.

Ejemplo:

1 - CHAPULAR
2 - Subir la cremallera del pantalón.
3 - ¡Manolo, por Dios, chapúlate, que se te escapa el pajarito!
(Fijaros: con 1 palabra he sustituido 5 palabras)


¿Quién? Puede participar cualquiera, no hay requisito de ningún tipo. (Aunque sería un detalle que os hicieseis miembros del blog o, al menos, tener una identidad. Sería un poquito triste jugar con alguien al que no sabes ni cómo llamarle, ¿no os parece?).

¿Cuánto? Podéis inventar tantas palabras como queráis.

¿Dónde? En "Añadir comentario", al final de esta entrada, un recuadro en blanco que ya está abierto. ¡Ojo! no confunfir con "Responder" que es para comentar la palabra de otro camarada. Yo haré el primero para que os orientéis.

¿Cuándo? Siempre que queráis. Igual ahora no se os ocurre nada, pero la semana que viene, a lo mejor, descubrís "algo" huérfano de palabra. Para ello hay un banner fijo que enlaza con este juego (pinchar y entrar).

Y nada más. Ahora os toca a vosotros animaros a participar.

¡Venga, venga, sacudiros la pereza!

Un fuerte abrazo

Fernando Rubio Pérez
(el cuentista)

domingo, 4 de marzo de 2012

Filósofos y poetas... diferentes (10)







Les Luthiers
(Buenos Aires, 1964)






 


Todo tiempo pasado fue anterior.

Los honestos son inadaptados sociales.

Dios mío, dame paciencia... pero, ¡dámela ya!

No te metas en el mundo de las drogas... Ya somos muchos y hay poca.

Hay gente que está demasiado educada para hablar con la boca llena, pero no les importa hacerlo con la cabeza hueca.

Tener la conciencia limpia es síntoma de mala memoria.

El que nace pobre y feo tiene grandes posibilidades de que al crecer, desarrolle ambas condiciones.

Pez que lucha contra la corriente, muere electrocutado.

La esclavitud no se abolió, se cambió a 8 horas diarias.

Si la montaña viene hacia ti, ¡corre! ¡Es un derrumbe!

Lo importante no es ganar, sino hacer perder al otro.

No soy un completo inútil... por lo menos sirvo de mal ejemplo.

Si no eres parte de la solución, eres parte del problema.

Errar es humano... pero echarle la culpa a otro es más humano todavía.

Lo importante no es saber, es tener el teléfono del que sabe.

Es bueno dejar el trago, lo malo es no acordarse donde.

Huye de las tentaciones... despacio, para que puedan alcanzarte.

Hay un mundo mejor pero, ¡es carísimo!

Ningún tonto se queja de serlo. No les debe ir tan mal.

La pereza es la madre de todos los vicios. Y como madre... hay que respetarla.

Trabajar nunca mato a nadie...  Pero, ¿para qué arriesgarse?

No te tomes la vida en serio, al fin y al cabo no saldrás vivo de ella.

Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados.

Lo triste no es ir al cementerio, sino quedarse.

De cada diez personas que miran la televisión, cinco son la mitad.