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lunes, 27 de febrero de 2012

¡Y llegó el final!

¡EL FINAL DE CUADERNO DE BITÁCORA YA ESTÁ DISPONIBLE!





El relato en equipo Cuaderno de bitácora ya tiene su final. Espero, de verdad, que os guste el desenlace.
Quiero dar las gracias de corazón a todos los que han contribuido para que este juego haya funcionado.
Un saco repleto de besos para que repartáis.

Muy pronto habrá novedades en la guarida: nuevos juegos y despropósitos mentales en algunos de los cuales vosotros también tendréis que darle a la mollera.

Y si estas recién llegad@ a esta casa, ¡vamos, corre a hacerte miembro!

Un abrazo.

sábado, 25 de febrero de 2012

Absurdo





ABSURDO


Mi cuerpo desnudo se mostraba ajeno a los catorce grados bajo cero que entumecían los rostros de los escasos transeúntes que, de pronto, se quedaron paralizados. También ellos eran inmunes al frío implacable y su parálisis se debía al horror de predecir el futuro más inmediato, y de saber que, inevitablemente, serían testigos de un hecho que jamás conseguirían olvidar.

Me sentía aturdido, y muy asustado, anegado en una pesadilla atroz; obligado a sufrir la experiencia más surrealista y espantosa que nadie nunca hubiese imaginado. Sin previo aviso, todo mi mundo se precipitaba hacia el abismo. Y es que, a gran velocidad, me dirigía en dirección a la persona más importante de mi vida para arrebatarle su aliento para siempre: mi esposa, mi vida. ¡Pero, no, maldita sea, yo no quería que muriese!

Al mismo ritmo que aumentaba mi velocidad crecía mi angustia. Yo gritaba, gritaba, gritaba… intentando prevenirla de mi mortífera presencia. Me desgañitaba todo lo que permitía el aire cruel que entraba a borbotones en mi boca. Pero ella, inmóvil, no me oía. Me sentía como un depredador cayendo sobre su inconsciente víctima.

Con gran rapidez, pasaban junto a mí las ventanas iluminadas de aquellos que a esas altas horas de la noche se resistían a finalizar la jornada. Era como si estuvieran rindiendo un homenaje a los que ya no volverían a ver amanecer.

El humo de su cigarrillo delataba que ella estaba fumando. Aun estaba un poco lejos y apenas podía intuir su rostro. Pensaba en cuánto la amaba y en la falta de sentido que hubiese tenido mi vida sin ella. Sin embargo, el destino desataba toda su ironía y me obligaba a mí precisamente, a terminar con su existencia sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo.

-¡Vete amor mío! ¡Huye de mí!

Gritaba, gritaba… Pero ella no me oía, o no deseaba oírme. No es momento de enfadarse, cariño, deseaba decirle al oído, mientras rodeaba con mis brazos su cintura.

Gritaba, gritaba… Hasta destrozarme el alma en el empeño. Cual inútil empleo de una fuerza interior que desconocía poseer hasta ese momento.

Finalmente, entregado a la falta de esperanza, deje de gritar. Sabe Dios que hubiese dado mi propia vida por la suya, y, sin embargo, iba a matarla, y nada ni nadie lograrían detenerme.

Fue entonces cuando alguien gritó. Y ella giró su cabeza, quizá alertada por el grito o quizá al oler mi presencia. Apenas por instante pudimos sostener nuestras miradas. Te quiero… demasiado tarde. Todo acabó.


Tras el sonido seco y estremecedor del impacto, se produjo un silencio escalofriante que el joven de la cazadora negra se apresuró a interrumpir:

-¡Joder, que alguien llame a una ambulancia, deprisa!

Los conocimientos adquiridos en su recién lograda licenciatura le permitieron distinguir la ausencia de pulso en el húmedo y enrojecido cuello de la mujer

-Mierda, está muerta. Ya no podemos hacer nada por ella.

Repitió la maniobra en el hombre:

-Los dos están muertos –anunció, blasfemó y soltó con delicadeza la mano del cadaver.

Un agente de tráfico se dirigía presuroso hacia la escena cuando una mujer le abordó voceando.

-¿Qué les ha pasado?

-¡Y yo qué sé, señora! Aún no he llegado. Vuelva a su casa.

-Es que les vi discutiendo, pero no pensé que…

-¿Cómo…? ¿Ha visto usted lo ocurrido? ¿Los conoce? Está bien, acompáñeme, rápido. Y cuénteme lo ocurrido

-Sí, bueno, los conozco de vista. Parecen una pareja encantadora. Nunca les había visto discutir. Viven… viven en el edificio de enfrente. Los… los veo desde…, desde la ventana de mi habitación –se esforzaba en hablar y seguir el ritmo de zancada del policía-. Bueno, a ver, los… los veo a veces. No vaya…, no vaya a pensar que no tengo vida propia, tengo otras cosas que hacer…

-¡Al grano, señora! –le interrumpió.

-Vale… Todo sucedió muy rápido. Apenas oigo lo que dicen, pero ella, por los gestos que hacía, le debía estar recriminando algo. Él se metió en el baño y ella se fue de la casa dando un portazo… ¡Guau! Eso sí que pude oírlo…

-Bien, la mujer salió de la casa, y después, ¿pudo ver algo más?

-Sí… al poco…, ella salió del portal y encendió un cigarrillo. Permanecía inmóvil, pensativa, como ida… Y él salió al balcón. Estaba desnudo y la llamaba a voces. Entonces…, entonces…

-¿Entonces…? ¡Vamos, vamos!

-Entonces, no sé cómo, pero él resbaló y… ¡Oh, Señor! Fue horrible… Intentó agarrarse a la barandilla pero no pudo…

El policía había detenido su marcha.

-Él… él gritaba, gritaba, gritaba… ¡Dios mío!, era desgarrador oírle… Y, mientras, ella seguía abstraída, fumando, junto al portal, y no vio como su marido caía… ¿Entiende? No pudo apartarse… ella no pudo…

No pudo terminar su relato y comenzó a llorar amargamente ante los desorbitados ojos del policía.

El nutrido corro de curiosos se fue abriendo paso, permitiendo que pudieran acercarse a las víctimas, al tiempo que comenzaban a oírse, aún lejanas, las primeras sirenas.

jueves, 23 de febrero de 2012

Cuaderno de bitácora: ¡EL DESENLACE!

Con la palabra "NIÑO", propuesta por la camarada ROSA, alcanzaremos el final de este relato en equipo que ha contado con un total de 10 palabras aportadas y sus correspondientes líneas.
En unos días -confío en que sean pocos- podréis conocer el desenlace de las aventuras del Carlota IV.

El cuentista

*****

Comunicado a mis camaradas:

Ya sé, ya sé... Os había dicho que serían 25 palabras, pero la participación ha cesado, y no podemos dejar que el juego se apolille sin darle un final. Supongo que se debe a mi excesiva confianza inicial. Aquel que quiere unirse en este momento tiene que leerse los 9 capítulos anteriores... Y, ahora que voy conociendo este mundillo de los blogeros, y la pereza que les rodea, seré más cauto a la hora de proponer.

Cuaderno de bitácora, en cualquier caso, ha sido una muy buena experiencia. Ahora debe dejar paso a otras historias que están deseando ser conocidas, y a otros juegos que  necesitarán de vuestra participación. Y no puedo adelantar nada más. Bueeeno..., una pista: ¡cuidado, cuidado, que viene el lobo feroz...!

Un abrazo, amig@s.

domingo, 19 de febrero de 2012

Filósofos y poetas... diferentes (9)


Ludwig van Beethoven
(Bonn, Alemania, 16 de diciembre de 1770 – Viena, Austria, 26 de marzo de 1827)


Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo.

Un gran poeta es la joya más preciosa de una nación.

El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad.

¡Hombre, ayúdate a ti mismo!

Una palabra afable nada hace perder.

¿Qué soy cuando me comparo con el universo?

El genio se compone del dos por ciento de talento y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación.

¡Actúa en vez de suplicar. Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino.

No confíes tu secreto ni al más íntimo amigo; no podrías pedirle discreción si tú mismo no la has tenido.

Hacer felices a otros hombres: no hay nada mejor ni más bello.

Consideremos a las dificultades como peldaños para una vida mejor.

Recomendad a vuestros hijos que sean virtuosos, sólo la virtud puede traer la felicidad, no el dinero.

Lo único que he escuchado bien los últimos años, son los pasos de la muerte.

Debería haber un gran almacén de arte en el mundo al que el artista pudiera llevar sus obras y desde el cual el mundo pudiera tomar lo que necesitara. (¿Internet?)

jueves, 16 de febrero de 2012

ESQUICIO

 











ESQUICIO



Esquicio está feliz.
Una intensa sonrisa dibuja sus labios.
Sus pensamientos están lejos, muy lejos de aquí.
Quizá se ha enamorado…
De repente, siente su cuerpo retorcerse.
Muere.

Esquicio está triste.
Una lágrima obstinada reluce en su mejilla.
Se abraza con fuerza a sí mismo.
Pero, ¿por qué tanta desolación?
Le han destrozado, roto en mil pedazos.
Y muere.

Esquicio no expresa sentimiento alguno.
Su rostro está vacío.
¡Qué simpleza! ¡Qué vulgaridad!
Esquicio presiente su final.
Con un sencillo abrecartas le atraviesan una y otra vez.
Y, sí, muere.

Esquicio esta desquiciado.
Su boca deforme escupe espuma.
Sobre la palma de su mano late su corazón gris.
Y ahora arde, arde todo su ser.
Y, sí, Esquicio muere.
¿O no?

El artista frustrado duerme en un sofá destartalado.
Sobre su pecho reposa una botella de ginebra vacía.
Esquicio escapa de la chimenea.
El gurruño de papel llameante rueda por el suelo,
y alcanza la alfombra de arpillera.
Rápidamente, toda la cabaña es pasto de las llamas.
Y, sí, ahora sí, Esquicio muere, para siempre:
Su autor ha muerto con él.

Fin

lunes, 13 de febrero de 2012

El microbio Zenobio

(Una secuela... menos infantil)

EL MICROBIO ZENOBIO
(LA NUEVA AVENTURA DE
LA BACTERIA VALERIA)





La bacteria Valeria tiene una cita.
Una cita con su novio, el microbio Zenobio.
Valeria limpia su cápsula y peina sus flagelos.
Quiere estar muy, muy guapa.

Los novios han quedado en las fosas nasales.
-¡Qué linda estás Valeria! –piropea Zenobio.
-Y tú que mono; eres tan chiquitín…
Dan un paseo hasta el paladar para contemplar la lengua, dónde se conocieron.
Zenobio aún recuerda a Valeria llegar en aquel enorme chupa-chups morado.

Aquel mar de papilas gustativas les despierta los instintos, y se besan.
Se besan mucho, y, de lo demás, mucho también.
Y se revuelcan: por las amígdalas, por la laringe, por el páncreas.
Tanto se revuelcan que llegan hasta el píloro.
Y allí se besan mucho, y, de lo demás, mucho también.

Al fondo de un estrecho túnel ven la luna llena, tan iluminada...
Es un momento muy romántico, piensa Zenobio,  contemplando a Valeria.
Y Valeria sonríe, -vas a ser papá –le anuncia.
De pronto, son dos Valerias las que miran a dos Zenobios.
Luego son cuatro y luego ocho, y dieciséis, y treinta y dos…

-No me canso de hacer esto –dicen varios millones de Valerias.
-Ni yo, amor mío –añaden varios millones de Zenobios-. Además, ¿qué hay de malo en quererse?
-Nada en absoluto… Uy, que gustito, me viene otra vez:
¡Flop! (o como quiera que sea el sonido que produce la división celular)

Manolo Chorretes tiene fiebre y tose mucho.
Y su mamá tiene fiebre y tose mucho.
Y su papá también, y sus abuelos y sus tíos…
Y todos los niños de su colegio tienen fiebre y tosen mucho.
Y sus mamás, y sus papás también, y sus abuelos y sus tíos.
Y todos los niños de la ciudad tienen fiebre, y tosen mucho…

Y aquí dejo el cuento y me voy a la cama.
Pues creo tener fiebre, y no dejo de toser.

FIN

sábado, 11 de febrero de 2012

La salvaguardia del Rey Polonio. Bosquejos (y 3)


(continuación de La salvaguardia del Rey Polonio. Bosquejos (2).


SEÑOR DE TORREGRUESA

¿Qué servís por eso?
(Dejando caer una moneda pequeña en el mostrador.)

TIBURCIO

Agua, pan y un poco queso.

SEÑOR DE TORREGRUESA

Pues eso.

MARQUES DE VILLALANDO

(Sentándose en un banco corrido en el centro de la escena, ocupando casi todo el sitio.)
Me siento hambriento.
Me siento sediento.

SEÑOR DE TORREGRUESA

(Mirando el pequeñísimo sitio que ha dejado el marqués.)
Y yo, ¿dónde me siento?

TIBURCIO

(Al Marqués de Villalando, a medida que sirve platos.)
Señor, su vino, su pan, su panceta,
su pollo, su gran chuleta,
y su humeante caldereta.
(Al Señor de Torregruesa, con sorna.)
Y aquí tenéis vuestra dieta.

MARQUES DE VILLALANDO

(Con un gran trozo de carne entre las manos.)
Habríais de cuidaros más,
mi querido Tomás.
¿Qué servicio prestareis
si, al ayunar, desfallecéis?
Contemplad mi persona,
copiad mi modelo.
(Acariciando su prominente barriga.)

SEÑOR DE TORREGRUESA

(Sentado en la esquinita del banco, observando el minúsculo trozo de queso de sus manos.)
¿Chuleta sajona
es lo que güelo?
(Suspira.)
Con mi renta diminuta,
y vuestro impuesto cada mes,
cotidianas son las gachas,
de ventura, remolacha,
pocos días pruebo fruta,
y la carne solo tres.

MARQUES DE VILLALANDO

Dejad ya de quejaros,
sois Señor de Torregruesa.
Fausto sois por yo arrendaros
tan notable dehesa.

SEÑOR DE TORREGRUESA

(Sigue mirando su triste trozo de queso al que parece hablar.)
¿Dehesa?
Andome barruntando…
¿Qué fue de esa?
¿No notáis en preguntando
que la cara se os atiesa?
Notable vos arrendando,
Don Augusto de Conessa,
 y Marqués de Villalando.

MARQUES DE VILLALANDO

(Tras saciar su sed con una frasca de vino.)
¡Posadero, marchando,
postre de frambuesa
con compota de pera,
y deje sobre la mesa
algún licor potable!
Perdonad la espera.
Seguid, si sois tan amable.
(Sin perder un ojo del plato, le da un codazo al Señor de Torregruesa.)

SEÑOR DE TORREGRUESA

Qué loable.
¡Y qué maneras!
(Acariciándose el costillar dolorido.)
Bien sabéis, Marqués,
lo que os intento decir.
Es asunto claro, ¿o no lo es?
Que mi vida no es vivir.
¿U os lo digo en inglés?

MARQUES DE VILLALANDO

Oh, yes,
Oh, Sir.
(Exagerando la pronunciación.)
Claro es,
que me debéis un mes
y os pretendéis escabullir.
Y ya que os empeñáis
en hablar de subsistir,
ved si me encontráis
buena carne que engullir.

SEÑOR DE TORREGRUESA

 (Irónico.)
Hombre, si lo deseáis,
disponeros a elegir.

MARQUES DE VILLALANDO

En fin, por preferir…
Sea de cordero pequeño.

SEÑOR DE TORREGRUESA

¿Es locura, mofa o sueño?

MARQUES DE VILLALANDO

No frunzáis el ceño.
Poco os pido por saldar.
Sí le ponéis empeño,
poco brío ha de costar,
en tan noble tierra hallar,
animal de buen pergeño.
Y dejad ya de enviar
tanta paja y tanto leño.

SEÑOR DE TORREGRUESA

¿Noble?
¿Notable?
¡Y dale!
Os he pagado con madera
cual remedio irremediable.
y notable,
si es que era,
quedo en era,
que dehesa ya no es,
pues encinas ya no ves,
ni ves guarro, ni ves res.
Solo paja y solo nos.
Si sumales la borrica
hacemos dos.

MARQUES DE VILLALANDO

¡Qué quejica,
por Dios!
(Disgustado por las protestas y por no encontrar más comida en el plato.)
No parece gustaros
ese manchego de oveja.
(Le quita el trozo de queso.)
Tanto alimentar la queja,
y de hambre castigaros.
(Se lo come.)



...y con esta tercera parte de "La salvaguardia del Rey Polonio",  concluye el adelanto de la obra en la ando trabajando. ¿Quién sabe, quizá algún día pueda verla representada.
Gracias por la lectura.

El cuentista.

jueves, 9 de febrero de 2012

Filósofos y poetas... diferentes (8)

Allen Stewart Königsber  “Woody Allen”
(Brooklyn, Nueva York, 1 de diciembre de 1935)

La eternidad se hace larga, sobre todo al final.

Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.

El sexo es lo más divertido que se puede hacer sin reír.

En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.

El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro.

No le temo a la muerte, sólo que no me gustaría estar allí cuando suceda.

Lo que más odio es que me pidan perdón antes de pisarme.

El cerebro es mi segundo órgano favorito.

No creo en una vida más allá, pero, por si acaso, me he cambiado de ropa interior.

El eco siempre dice la última palabra.

El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabo la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago.

El sexo entre dos personas es una cosa hermosa; entre cinco es fantástico….

La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visitaba la Estatua de la Libertad.

Las palabras más bellas de nuestro idioma no son “¡Te quiero!”, sino “¡Es benigno!”.

Lo mejor de la masturbación es el final: los cariñitos.

Los mosquitos mueren entre aplausos.

Morir es como dormir, pero sin levantarse a hacer pis.

Después de los 60, todos pertenecen al sexo débil.

Amaos los unos sobre los otros.

Unos se casan por la iglesia, otros por idiotas.

Es curioso que se le denomine sexo oral a la práctica sexual en la que menos se puede hablar.

***