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domingo, 8 de enero de 2012

Ursus


(por Fernando Rubio Pérez)

Cae la noche brumosa, fría, desangelada, y Emilio hace balance:
-¡Vaya, ha sido un buen día! –exclama tras sumar la recaudación.
Ursus le ha oído pero no menea la cola. Percibe la alegría de Emilio pero ya hace horas que agotó sus fuerzas.
-¿Qué te pasa amigo? ¿No escuchas lo que digo? Esta noche cenaremos como Dios manda. Te compraré un buen trozo de carne, de esos con tocino, como a ti te gustan.
Ursus le mira. Ya no tiene hambre ni siente frío. Pero no quiere entristecer a Emilio. Un último aliento, un último esfuerzo, que es inútil: su ser no le responde, y su cola no bailotea. Finalmente, los párpados abrigan sus ojos lastimeros.
-¡Ursus! ¡Oh, no, Ursus, amigo mío!
         Emilio llora desconsolado. Un regato de lágrimas recorre su rostro hasta caer sobre Ursus, alcanzando su pecho sereno. De repente, algo extraordinario se abre paso en la negrura del cielo, algo luminoso, brillante, cegador, que les envuelve en su abrazo. Entonces, el interior de Ursus comienza a palpitar afanosamente, y su cola bailotea alegre.
         -¡Ursus, es un milagro! –Emilio estalla de júbilo.
         Y sí, fue un milagro, el milagro de su amor desmedido que viajó en las pequeñas gotas saladas para devolverle la vida a su mejor amigo.

Y YA ESTÁ


IMPRESIÓN DEL AUTOR:
Qué cabrón el perro, qué susto le ha dado, ¿a qué sí?

2 comentarios:

  1. No ves tonto? si cuando quieres tú también sabes mostrar tu corazoncito, aunque sea garrapiñado :-)

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  2. Suscribo 100% el comentario de Yomisma. "Posí"

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