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lunes, 2 de enero de 2012

Nueva Aña

(por Fernando Rubio Pérez)


Remóntase esta historia
a un tiempo muy lejano.
Absuelvan mi memoria,
si yerro en el anno,
y sea época actual.
Redacto muy temprano
y no me hallo muy cabal.
Andémonos al tema,
gocemos la embriaguez.
Que se nos va la vez,
y se enfría el poema.

Vivía una joven bufona
en un reino cualquiera,
igual Parla que Pamplona,
estío que primavera.
De familia, la prima;
de inmejorable calaña.
Que por aquello de la rima
rebautizo Nueva Aña.

Y por hacerle más mención,
rememoro su canción:

Que si feliz salida.
Que si feliz entrada.
El deseo se olvida.
¡Ahí va la galopada!
Inquietud servida,
forma habituada.
¡Hijo de mi vida,
calcáis la pifiada!
Que si feliz salida.
Que si feliz entrada.

(Punteo de laúd)

Salida feliz.
¿Aquello deseáis?
Entrada feliz.
¿Y por aquello rogáis?
¡Cometéis el desliz!
Insensato, ¿donde vais?
Que si al entrar sois feliz:
¡Pues, coño, no os salgáis!

Leáis la moraleja con tino
la que tutela esta canción:
mucho amor en el turrón,
guardando para el destino.

Yo, colmado de emoción
y colmado mi intestino,
me voy de este salón
a soltar un buen pepino.
Pues hombre de raza
que honra su vientre,
ha, por consiguiente,
de honrar a la taza.

  

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