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sábado, 28 de enero de 2012

La salvaguardia del Rey Polonio. Bosquejos (2)

(continuación de La salvaguardia del Rey Polonio. Bosquejos (1).


(El escenario vuelve a oscurecerse. Un foco ilumina al trovador sentado sobre el tonel, junto a la puerta, y otro foco ilumina a Tiburcio que prepara la comida y reparte por los platos el líquido de un extraño frasco.)

TROVADOR

Dos Tiburcio ha divisado:
a un marqués de alcurnia rancia
con delirios de importancia
por habérsele considerado
ilustre y magno invitado,
en altura y consonancia,
al real anunciamiento
del cercano casamiento
del delfín del rey de Francia.
(Se levanta y se pasea por el escenario.)
Y a otro que llega más tarde,
que el Señor le guarde,
que guarda al noble de la amenaza
y le protege en el camino.
¡Este si es hombre de raza!
Aunque ahora anda canino…
Combatiente decadente
que hace vente que hubo vente.
Don Terencio Tomás,
Señor de Torregruesa,
sin turbarle lo demás,
al marqués y a la marquesa,
con su espada, altivamente,
protegió de todo ente.
Y para que tan ilustre empresa
no quedase en acto inédito,
por su auxilio y valentía,
por su porte y su valía,
y por un cuantioso crédito,
juzgosele benemérito
de una tierra, algo baldía.
Y la labranza fue en demérito
de su admirable y bello aspecto
del que se habla ya en pretérito,
en pretérito pluscuamperfecto.
Ya no cantan los juglares
la virtud de sus hazañas.
Solo oirás en sus solares
y en comarcas aledañas,
al compas de sus andares,
el cantar de sus entrañas.
(Dos notas de laúd.)
En perdiendo su pellejo,
con arrojo y con atino,
al Castillo lleva al viejo
que, más que decir lejos,
hallasé en el quinto pino.
Avistado el hospedaje
y tras jornadas de viaje,
por el bien de la salud,
y a pesar de la inquietud
de restar aún mucha legua,
el uno, a lomos de una yegua,
deslomado el otro en una burra,
se conceden una tregua,
antes que la noche ocurra.
(Hace mutis.)

MARQUES DE VILLALANDO

(Aparece en escena, entrando airoso por la puerta.)
¡Ah, de la posada!
Venimos gente honrada.

SEÑOR DE TORREGRUESA

(Aparece en escena, entrando quejumbroso por la puerta.)
¡Ay, de la posada!
Venimos gente… horadada.

MARQUES DE VILLALANDO

(Se acerca al mostrador, apremiando al Señor de Torregruesa para que lo acompañe.)
Para mí una hogaza y un buen vino,
buen chuletón y buen tocino.
Las mejores tajadas
del que ya no cacarea,
y unas cuantas cucharadas
de ese guiso que humea.
Y a mi amigo… lo que él vea.
(Frotándose el dedo pulgar con el índice.)

TIBURCIO

Sea.

SEÑOR DE TORREGRUESA

¡Eah!
 (Mirando de reojo al marqués que se dirige a sentarse, y quedando sólo ante el posadero.)
No muráis por invitar.

TIBURCIO

(Tapándose la nariz)
¿Y vos, qué vais a tomar?


------------- CONTINUARÁ ---------------


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