Páginas

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La pastilla genocida

(por Fernando Rubio Pérez)

Centro de investigación de los laboratorios farmacéuticos MESTOY FOR RAND ODETANG AROSPRING AETES CORPOREISION:
-¿Qué haces, Antonia? –pregunta él.
-Aquí, con el Pantone, eligiendo un tinte chulo para la Nosirvepanaina –responde ella, por cierto, pelín desabotonada; y esa bata blanca tan permisiva para con sus aflorados adentros...
-¡Qué turgencia, por Dios! ¡Oh, he de cubrirte aquí mismo! –exclama él, desinhibido.
-¡Oh, sí, Fulgencio, no te coartes! –exclama ella, jubilosa.
Estrépito de cuerpos humanos que chocan violentamente entre si y contra el variopinto instrumental. Total, que determinada sustancia acaba donde no debe, propiciando el nacimiento de:

¡LA PASTILLA GENOCIDA!

Un año más tarde, en la farmacia de la Lda. Doña Gumersinda Ordoñez:
-¡Cielos!, oigo ruidos extraños en la rebotica. ¡Oh,  no!
-Ya estás con esas, Gurmi, tómate un par de cápsulas de Noloflipestantosa, anda.
-Debes creerme, ¿por qué si no pondría el dorso de mi mano sobre mi frente y echaría hacia atrás la cabeza? ¿Eh? A ver, dime.
Pero nadie creyó a Doña Gumersinda Ordoñez, y todas las cajitas de Nosirvepanaina de todo el mundo comenzaron a vibrar cual muñecos papás noeles del tipo mira que gracioso mira lo que hace. Solamente los perros y otras bestias, capacitadas para percibir infrasonidos, oían la diabólica y trastornadora musiquilla de Jingle Bells, versión rockabilly, en el interior de las cajitas del medica-miento.
Cierto día, yo qué sé, un jueves por la tarde, las autoridades de todo el mundo hicieron público el riesgo inminente de una nueva y peligrosa, que digo peligrosa, aniquiladora, devastadora, concluyente, definitiva enfermedad que arrasaría a toda la población humana y a las personas. Pero, al mismo tiempo, se felicitaban porque, afortunadamente y menos mal, un laboratorio, MFROAA Corporeision, salvador y redentor de nuestra especie, distribuiría y haría llegar hasta el lugar más remoto y confinado del planeta, una vacuna (que no es una vaca pero sí corneará el bolsillo de los contribuyentes, cosa que, sin embargo, no anunciaron), cuanto menos, milagrosa.
Y todo hij@ de padre y madre se comió una pirula de Nosirvepanaina.
Una semana después, el mundo entero, o sea toda la peña, vibraba cual papás noeles del tipo mira que gracioso mira lo que hace, cantando Jingle Bells en versión rockabilly. Hasta tal punto que el unísono cántico expandiose hasta más allá del universo conocido.
Algunos siglos más tarde, a escasos trillones de años luz de distancia, un vehículo cósmico viaja a toda pastilla (que es el tipo de velocidad que mejor va con esta historia) en dirección al planeta azul:
-¿Queda mucho, papá?
-¡Noooo!
Se comunican por señas, pues llevan atorados con sofisticados tapones sus muy desarrollados órganos auditivos.
-Entonces, cuando destruyamos el planeta tierra, ¿podremos quitarnos los tapones?
-¡Qué sí!
Es la primera vez que el pequeño falooblongosiano acompaña a su padre al trabajo y está francamente ilusionado con su primera exterminación. El falooblongosiano adulto es técnico en desmontaje y limpieza de planetas y erradicación de plagas. Pero ese es otro cuento del que daré cuenta otro día.

FIN (pero que fin, fin)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Este blog también se alimenta de tus palabras. Gracias por comentar.