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martes, 20 de diciembre de 2011

El kit Maullum

(por Fernando Rubio Pérez)

(Dedicado a los compañeros de trabajo de la "alarmante" empresa en la que obtengo mi sustento).

***

Diciembre de 2011, en el departamento de producto de SD (siglas de la empresa en cuestión):

En el último instante del ocaso, un rayo solar rezagado halló un resquicio entre la espesura de nubes negras; cruzó vertiginoso el espacio, atravesó la luna del ventanal y el vidrio de unas gafas olvidadas, y aglutinó todo su brío en el plástico del cable del ordenador de Saturnino, originando un extraño cortocircuito. Saturnino sintió cómo la energía recorría todo su ser, provocándole temblores y convulsiones, constriñendo la voluntad de sus actos. En esas, uno de sus codos, que parecía dibujar ochos en el aire, golpeó una lata que volcose, vertiendo el refresco de cola sobre el cóctel de anacardos y maíces que servían para entretener el hambre. La desacostumbrada sopa burbujeante, cual regato, recorrió la mesa, humedeciendo la mano que Saturnino tenía pegada al ratón, y terminó desembocando en el recién agujereado cable del ordenador, reanimando el insólito cortocircuito. La energía volvió a la mano de Saturnino y de ahí a la sopa de cola y de ahí al cable, y así, una y otra vez, creando un angustioso bucle. Saturnino, asido irremisiblemente al ratón, brincaba sobre su silla de oficina, como si ésta fuera un potro salvaje.
-¿Qué coño haces, Satur? –preguntole, estupefacto, el Product Manager (en adelante PM).
-Gregregré –gargareaba, agitando sus carrillos flácidos.
-¡Cielos, te ves electrocutado, presumo! –exclamó entonces el PM, más afín ahora a los hechos que se sucedían, y desenchufó el ordenador -. ¿Qué ha ocurrido?
-Desconózcolo –respondió Saturnino, una vez cesó el convulso proceso en su organismo.
De pronto, el PM observó una extraña sustancia gelatinosa que brotaba del agujero del cable. Saturnino, que compartía la visión, se inclinó para tocarla.
-¡Detente, insensato! –gritó sofocado el PM.- ¿Para qué narices hiciste el didáctico e instructivo curso de prevención de riesgos laborales? Tomaremos una muestra con una herramienta apropiada para estos menesteres que además, he te ahí, sirve para escribir.
Pero el boli de propaganda de SD, decidió desmembrarse en el momento de contactar con la curiosa sustancia y, por el efecto del muelle, adscrito al útil, una gota de gelatina salió disparada, acertando el entrecejo de Saturnino que volatilizose de inmediato.
El PM buscó a su subordinado con desesperanza y consternación durante, al menos, tres segundos, los que tardó la puerta de la pecera en abrirse.
-¿Satur? –preguntó el PM al individuo con cara de Saturnino, pero con bastante menos pelo en la cabeza.
-Estás que lo flipas, ¿eh, PM? Pues sí, soy yo, Saturnino. Explícome: resulta que la gotita de esa guarrada me envió al año 1991. Al principio no entendí que sucedía. Luego, asimilada mi peregrina circunstancia, decidí entrar en SD cuando apenas iniciábase su andadura, para así tener más años de antigüedad. Ahora soy tu jefe y hasta tengo el peluco, el de los diez años. Mira, mira.
Cáspita, Satur, hemos descubierto la fórmula para viajar en el tiempo!
-Obvio, PM.
-Pero, ¿por qué no han variado mis recuerdos con respecto a ti?
-Pues no lo sé.
(De hecho, el autor tampoco lo sabe y, en cualquier caso, evitará buscar explicaciones que alarguen incómoda e innecesariamente este relato).
En los primeros meses del año 2012, la antigua mesa de Saturnino, rodeada de cajas de refrescos de cola y kilos y kilos de coctel de anacardos y maíces, se convirtió en el nuevo centro de I+D de SD. Al mismo tiempo, los cerebros razonadores de los diferentes departamentos de SD elaboraron una concienzuda y sorprendente estrategia de ventas que no demoraron en poner en marcha.

Cierto día del 2013, el año del pareado, en el exitoso departamento Past Business (en adelante PB):

-Pero, Past Business Manager (en adelante PBM), si no he acabado de hacer el curso online para la instalación y conexión del sistema Maullum –advertía Clodomiro.
-Ostias, Clodo, tanto salir a echar un cigarrito… Venga, es igual, que esa alarma está chupado instalarla. Anda, inclina la cabeza hacia atrás que te voy a endilgar la gelatina en el entrecejo.
-¿Y la Blackberry?
-¿Estás de coña? La puesta en pruebas la haces con señales de humo, Clodo, que dónde vas no se ha inventado aún ni el dolor de muelas.
El PBM aplicó la oportuna cantidad de gelatina en el citado entrecejo y Clodomiro evaporose.
En el mismo instante, pero un montón de años antes (sí, suena raro, es lo que tiene viajar en el tiempo):
-Sé bienvenido, compañero Clodomiro. Yo soy Nepastasiano, sumun coordinador de llegadas y partidas temporales de SD en la antigua tierra de Palestina. Toma, amigo mío, aquí tienes el itinerario qué deberás recorrer hasta abrazar tu destino. No temas, mi buen Clodomiro, que ello no ha muy lejos; a dos lunas de aquí, si mis cálculos no yerran. Observa: ahí fuera tienes tu medio de transporte; en él hallarás abrigo y sustento, y un kit Maullum completo.
-¿Eso lleno de moscas es mí vehículo? –exclamó Clodomiro horrorizado.
-No te aflijas tanto, apreciado Clodomiro, y toma el camino sin demora. Te deseo buen viaje y fortuna en tus propósitos.
Dos lunas más tarde, Clodomiro llegó a una carpintería junto a un chamizo, dónde se oía el incesante lloriqueo de un recién nacido.
-¿Don José? Soy Clodomiro de PB de SD. Yo arameo no hablo, pero chapurreo un poco de latín –informaba al tiempo que extraía de un saco el kit Maullum (compuesto de una pareja de Felis silvestris catus y un berbiquí).- Le explico cómo funciona, don José, mire, atamos el minino junto a la puerta y ponemos su cola en medio y cuando…
-Oh, quantum pecuniae – el carpintero no cesaba de negar con la cabeza.
-Nada, hombre, esto le sale por cuatro míseros sestercios. Déjeme que le muestre el increíble sistema con petición de imágenes –dijo exhibiendo el berbiquí.
-¿Imágenes? (traducido).
-Sí, es lo último, don José: con esto, usted puede saber lo que ocurre en su casa mientras trabaja en la carpintería. Con cuatro movimientos giratorios lo tiene hecho, y está homologado con todas las paredes de la época.
-Al carpintero se le encendieron los ojos, miró a su alrededor, se acercó a Clodomiro y le susurró al oído.
-Infantus non est meus filius.
-¿Cómo?
-Digo (traducido), que sospecho que mi mujer me la pega con un tal Espíritu no sé qué. Vamos, aprisa, no importa lo que cueste, pero instálame ese chisme, rápido.
                                                                      
Y Clodomiro consiguió 
su primera venta.


FIN


4 comentarios:

  1. Vended, vended, malditos!!! En el portal de Belén ó donde carajo salga la venta!!!!!!
    Mola tu blog, lo seguiré, palabra.
    Alberto (A11167)

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  2. Gracias, amigo. Me interesan mucho tus críticas.

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  3. Fernando acabo de leer esta joyita, se la llevé al párroco quién muy complacido la leyó y me la pidió para enviarla al Vaticano, del que me dijo recibirás noticias, habló de algo como excomul, ma´no se, pero por la cara que puso le llegó.
    Después me cuentas que te dijo el Papa, (Veo que tu "manera" de escribir viene de lejos)
    Un fuerte abrazo amigo, seguiré tratando de descifrar que dice el cuento.

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    Respuestas
    1. Hola, Moli.
      Está fenomenal que visites cositas "antiguas", igual te encuentras algo que te guste.
      Con el clero nunca me llevé bien, luego espero cualquier cosa...
      Este cuento lo dediqué a la gente de mi trabajo por lo que igual hay algunos conceptos que te resultan extraños.
      Y sí, mi forma de escribir un tanto descerebrada me viene de siempre. Afortunadamente cuento con amigos que me leen.
      Gracias por ello.
      Un abrazo, amigo.

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