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lunes, 28 de noviembre de 2011

Carlitos2

 (por Fernando Rubio Pérez)


Carlitos se mira los veinte dedos de sus cuatro pies y se ríe, se ríe mucho, mucho, muchísimo. Con sus dos lenguas se chupa los dos dedos derechos de sus dos manos derechas y se ríe, se ríe tanto, tanto, tantísimo que se ha hecho dos popós, o al menos imagina que han debido ser dos popós porque no puede verse las cacas: aún no sabe quitarse él sólo sus dos pañales. Carlitos se mira sus dos entrepiernas y, sin dejar de reír mucho, mucho, muchísimo, se acuerda de sus dos pililas que es cómo las llaman sus dos mamás. A Carlitos le encantaría poder estirarse los dos pellejos de sus dos pililas pero aún sigue sin saber quitarse el sólo sus dos pañales. Y es que Carlitos apenas tiene unos meses pero sí se siente capaz de incorporarse e, incluso, de salir de sus dos cunas. Mientras lo intenta, Carlitos ríe y luego ríe más. Tras el intento, Carlitos ríe y luego llora, y luego ríe y luego llora. Sus dos mamás acuden al oír el estruendo del golpe. ¿O fueron dos golpes? Carlitos observa a sus dos mamás llevarse sus cuatro manos a sus dos cabezas y luego ríe y luego llora, y luego ríe y luego llora. Sus dos papás gritan mucho desde el pasillo, gritan preguntando que le ha pasado a Carlitos. Sus dos mamás les contestan que el niño está hecho un mono saltarín pero que estén tranquilos que no le ha pasado nada. Después, cuando sus dos papás ya están en la habitación de Carlitos, les preguntan a sus dos mamás que quién se ha bebido el fortísimo aguardiente gallego que había en una botella de las de agua mineral… Las dos mamás terminan la frase: …que has dejado junto a las botellas de agua mineral que utilizo para hacer el biberón de tu hijo, ¡imbécil!

1 comentario:

  1. Comentario de prueba.
    Al ser el propio autor quien escribe este comentario, la subjetividad está por una vez permitida: ¡qué cuento tan gracioso, ángel del amor hermoso!

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